11 diciembre 2008

Cuba debate

Cuba debate

Si a este debate legítimo se suman otros con malas intenciones, no debemos permitir que, además de manipular el tema y distorsionar la historia, algunos encuentren ese protagonismo de los sietemesinos


Para un debate serio no basta con ejemplificar a través de censos, números que muestran desequilibrios entre blancos y negros] Para un debate serio no basta con ejemplificar a través de censos, números que muestran desequilibrios entre blancos y negros

¿Otra batalla ideológica-cultural?

Cuando en la Cuba actual se debate y polemiza acerca de la necesidad de investigar y estudiar sobre el problema racial, como consecuencia de la presencia y vigencia -no solo por atavismos ancestrales provenientes de la colonia y la neocolonia- de ciertas conductas racistas y discriminatorias hacia la raza negra en el seno de la sociedad, podemos hacernos las siguientes interrogantes: ¿ello es parte además de una moda intelectual internacional que se nos indica desde una agenda exterior, específicamente, a partir del auge y repercusión de los "estudios poscoloniales", los "estudios de alteridad" y los subalternos"?; ¿es consecuencia directa e indirecta de los impactos de los discursos post que aún subsisten en la teoría filosófica-política, económica-sociológica y psicológica social, así como de otras disciplinas científicas y saberes, acerca de la crisis de las identidades-diversidades societales, el denominado fracaso del Estado nación moderno y las contradicciones socioclasistas devaluadas?; ¿o acaso esa eclosión académica y sociopolítica de la problemática identitaria-social y racial, iniciada desde mediados y finales de los años 90 del pasado siglo y que continúa con mayor fuerza en este milenio, corresponde a un inadecuado o insuficiente tratamiento -subestimación y olvido casual o seudo-intencionado-, por parte de algunas ciencias sociales en ciertos períodos de la historia de la nación?; ¿o es resultado de algunas subvaloraciones o inadecuadas implantaciones de la política social y cultural de la Revolución Cubana, basadas en la igualdad y equidad, y a pesar de todo lo alcanzado en este campo a través de estos cincuenta años de proceso transformador?; ¿es motivada por los conflictos de valores en la sociedad cubana actual que se agravaron luego del derrumbe del paradigma y referente histórico del socialismo este-europeo y de la Unión Soviética, y su correlato inmediato que constituyó la crisis económica y social en la Isla, recrudecida por la agresiva política oportunista estadounidense, más la dominación y hegemonía omnímoda del capitalismo-imperialista a nivel planetario?; ¿es acaso también un semi-olvido de las izquierdas en general, que subestimaron en cierto sentido esa problemática a lo interno de sus sociedades?; ¿es tan real su existencia y dimensión en un país en el cual más del 50% de sus habitantes son negros, mulatos o mestizos y un porciento mayor frutos cercanos y lejanos de la hibridación social, racial, religiosa y cultural, aunque no aparezcan así reflejados en los censos de población efectuados?; ¿existe un peligro previsible para la Identidad Nacional y Cultural cubanas por la persistencia de los prejuicios racistas y las formas más sutiles de la discriminación racial? Las múltiples preguntas y preocupaciones pueden sucederse in crescendo y convalidar su realidad a través de los resultados de las investigaciones eruditas y de la propia vida cotidiana, por observación, inducción/deducción, análisis y síntesis, por estudios de historias comparada en el tiempo, y porque todas esas percepciones e interpretaciones poseen una lógica racional auténtica y legítima que no pueden ser obviadas y, mucho menos, minimizadas.

Cuando el debate es a lo interno de la Isla, las preocupaciones son válidas si entre los diferentes interlocutores existe una proyección estratégica común, patriótica, revolucionaria y socialista básicas, y no hay segundas intenciones en las propuestas. No todos los caminos de la polémica son acertados si, por ejemplo, se pretende imponer una visión tremendista y extremista, que de todas formas podremos escuchar y dialogar con ella. Las reivindicaciones no se ganan si a las problemáticas reales, en cualquier dimensión cuantitativa y cualitativa, se le añaden premisas de solución que sólo tengan que ver con el más frío análisis positivista que significa una relectura histórica-política y cultural, así como sociológica, económica y psicológica, entre otros conocimientos y saberes, que solo aborden este problema desde el empirismo "teórico", que más tiene que ver con una instrumentalización del pragmatismo y el utilitarismo en la interpretación de la esencia del fenómeno, con sus mediaciones, y las posibles transformaciones hacia una salida positiva. Cualquier abandono de la complejidad del análisis sería errada.

Los tiempos para las catarsis ya pasaron, aunque algunos tienen derecho a hacerla si estiman que deben y pueden. Sin embargo, en la actualidad se han generado distintos espacios dentro de la sociedad civil y política para discutir el asunto con mesura pero profundidad, se han creado y continúan surgiendo comisiones a distintos niveles y se discute el problema racial-discriminatorio en diversos congresos de las organizaciones y asociaciones sociales para que todos aporten sus diferentes puntos de vista para hallarle solución a corto, pero sobre todo a largo plazo, en un marco político y jurídico adecuado, que puede profundizarse.

Para un debate serio, en las ciencias sociales o humanísticas y, hasta en la política diaria, de mediano y largo alcance, no basta con ejemplificar a través de censos, números que muestran desequilibrios entre blancos y negros -y mestizos- en cargos públicos de primer nivel, errores históricos y enumeración de políticas inadecuadas o no correctamente implementadas, sino de estudiar con cierto detenimiento las causas del problema, sus diversas manifestaciones y su emergencia-repercusión en la contemporaneidad.

Si esta polémica-debate que resurge por una necesidad interna y el reconocimiento de que nuestro país es una nación uniétnica, pluriracial y multicultural, y que la heterogeneidad y diversidad de identidades colectivas e individuales en el cuerpo societal son múltiples, por lo que deben tener espacios de representación y actuación como cubanos, repetimos, si a este debate legítimo interno se suman otros individuos y colectivos con malaintenciones desde el exterior y el interior del país, con vistas "a pescar en río revuelto" y brindar visiones apocalípticas, debemos brindar otra tonalidad a las discusiones. Porque si el problema es cubano -como decía Nicolás Guillén, en "el problema negro en Cuba es el problema del blanco"-, no debemos dejar intersticios para que, por ejemplo, desde el Miami contrarrevolucionario se levanten voces que, además, de manipular el tema y distorsionar la historia, encuentren ese protagonismo de los sietemesinos que poco tienen que aportar a los asuntos internos de nuestra Revolución y Nación.

Y cuando advertimos desde Miami u otras zonas eurocéntricas del planeta, no lo realizamos como una homogeneidad de colectivos e individuos, con las mismos posicionamientos científicos e ideopolíticos. Hay mucha gente seria trabajando y estudiando, pensando e investigando para que no hagamos distinciones. Existen incluso investigadores en la Florida y en otras universidades norteamericanas que han realizado aportes al estudio de los problemas raciales en Cuba, entre otros temas históricos de interés. Pero resulta difícil imaginar que algunos de los que escriben profusamente sobre esta temática en el exterior sin rigurosidad y profundidad, sean de piel negra, blanca o amarilla, no obstante conocer que estudiaron y se formaron en universidades cubanas después del triunfo revolucionario y también integraron parte de un profesorado que impartía clases de filosofía e historia. O sea, eran ¿o no? personas inteligentes, aplicadas y muy capaces en sus disciplinas científicas. Sin embargo, valdría preguntarse si los y lo que hoy escriben, lo realizan desde una herida socio-racista extralimitada ex-profeso o son individuos que reciben un salario para que se incorporen a las discusiones con seudo-doctrinas y opiniones políticas que no dejan lugar a dudas.

Conozco a uno de ellos, que cuando llegó al "gran país de la libertad, la democracia y los derechos humanos", los Estados Unidos de América, sufrió la doble discriminación por ser negro y marxista -esto último, por lo menos de formación pero no de convicción-, y tuvo que hacer mucho esfuerzo, tradúzcase bajar la cabeza y humillarse, para hacerse converso y llegar a hablar y escribir lo que querían, ocupando una plaza en los periódicos del mal llamado exilio político cubano, verdadera emigración económica en su gran mayoría, aunque silenciosa, que se ha visto aventajada y apuntalada por la Ley de Ajuste Cubano, aprobada en 1966, por lo que también existe una minoría políticamente contra-cubana y anticomunista en esencia. Esa industria anticubana, que gustan llamar anticastrista, es una verdadera pepita de oro, que les reporta múltiples ganancias, ya sea a través del pago directo e indirecto que les llega a sus manos por los caminos del salario, del desvío y la corrupción de las agencias oficiales y encubiertas que se dedican a sufragar todo lo que sirva para subvertir la realidad cubana. Quizás algunos lectores imaginen que todo lo estoy inventando y exagerando, pero pueden leer los constantes fraudes, robos y malversaciones del dinero de la USAID, de la Fundación Nacional Cubano-Americana y otras agrupaciones apartidas y agencias de "ayuda para la democratización cubana", publicados recientemente en los propios EE.UU., para dar fe de ellos.

Por si fuera poco, un traidor miembro en esa emigración, hace poco menos de un mes acusaba a los americanos-cubanos -me gusta llamarles así, porque ponen siempre los intereses de los grupos de poder estadounidenses primero y porque ya no son nada cubanos- de fomentar el voto en contra del recién elegido presidente de los EE.UU., Barack Obama, por el simple hecho de ser negro y advertía, el susodicho desertor, que esos "arios" tropicalizados tenían de "congo y carabalí", mucho más de lo que ellos, imaginariamente, se habían pensado y casualmente olvidado. El estar inmersos en ese contexto conservador, ultracontrarrevolucionario -no solo contra Cuba, sino contra las mejores tradiciones democráticas y progresistas estadounidenses-, racista, segregacionista y ser reaccionarios en el sentido más amplio del humanismo, más abstracto o más concreto históricamente, los ha extraviado, lamentablemente, en los laberintos de la historia de la humanidad. Los otros, los elaboradores del discurso intelectualoide, aunque basen sus argumentaciones en partes de la verdad, nunca hallarán su verdadero sentido de la vida. Serán in eternum egoístas, individualistas, envidiosos y ambiciosos: en resumen hombres malos, sin ética y moral. Si ya traicionaron una vez, lo harán miles de veces.

El tema sobre el problema racial, sin embargo, no es tan novedoso aunque si de una necesaria profundización para un grupo de investigadores cubanos de varias instituciones, así como desde dentro y fuera de la academia. Están tan desfasados estos paracaidistas intelectualoides contrarrevolucionarios de variada especie, que obvian que hace más de una década distintas publicaciones cubanas han hecho público esta problemática: editoriales con libros, folletos, etc., y revistas con artículos, todas muy diversas en sus enfoques y abordajes sobre la temática.

Dentro de ese gran grupo de personas trabajando en la problemática, hace solamente un año, el proyecto de pensamiento cubano del Instituto de Filosofía (1), culminó una investigación de tres años acerca de lo publicado en Cuba entre 1989 y el 2005, sobre la Identidad Nacional, en la cual emergió como necesidad de la propia pesquisa e indagación la problemática racial, la sociedad civil, la vida cotidiana, la religión y su contextualización teórico-filosófica y política en el plano regional e internacional. Algunos de los resultados a los cuales arribamos fueron que: la Identidad Nacional es el resultado de una construcción social y cultural, históricamente condicionada, o sea algo nunca totalmente acabada, construida o determinada a priori, en un tiempo único, aunque con hitos fundamentales; que es el producto de las relaciones entre los diversos actores sociales a través del espacio-tiempo. Por lo tanto, constituye el carácter social de un pueblo, y no es un componente finiquitado de la realidad, sino un proceso en permanente construcción y deconstrucción de representaciones, generadas por la acción combinada de las estructuras y de las prácticas de los actores sociales. Asimismo se concluyó que en la contemporaneidad, la Identidad Nacional, no sólo en Cuba, está siendo cuestionada en sus posibilidades de ser el núcleo esencial, capaz de fungir como sustrato orientador frente a la inconmensurabilidad de cambios amenazadores, provenientes tanto del exterior -el sistema-mundo capitalista, ahora transnacionalizado y neoliberal- como desde el interior de los cuerpos societarios modernos. Todo ello refuerza la afirmación que "[...] La identidad sólo se torna una cuestión cuando está en crisis, cuando algo que se supone como fijo, coherente y estable es dislocado por la experiencia de la duda y la incertidumbre". (2)

Es lo que la escritora y pensadora española María Zambrano solía también expresar, pero en otro sentido, al advertir que una catástrofe sólo es verdaderamente catastrófica si de ella no se desprende algo que la rescata, algo que la sobrepasa. Unido a ello se hizo hecho hincapié en la índole dinámica-conflictiva y tensional de la cuestión identitaria, particularmente en regiones como America Latina y el Caribe, intervinculadas a la realidad cubana, en la que están coincidiendo una hibridación entre formas e instituciones tradicionales y manifestaciones socioculturales (post)-modernas o modernas tardías, como algunos la han llamado, en virtud de la diversificación de interacciones transnacionales, e incluso del resurgimiento de lo Hispanoamericano, así como de los variados intentos de integración regional, en los que algunos Estado naciones están configurándose como potencias emergentes y actores significativos. A la dificultad para conformar identidades densas nacionales y regionales -fuertes y resistentes- se une la existencia de una pluralidad de medios de identificación antes homogeneizados por la política o por sistemas holísticos de creencias que, a la vez, se acrecientan como entes atomizados y desvinculados. A la ola de homogeneización se une, paradójicamente, la avalancha desintegrativa y fragmentadora, como partes de la misma estrategia y táctica del Sistema de Dominación Múltiple del Capital.

Distinguimos que, en el caso cubano, la raigal Cultura Nacional incluyendo las mejores tradiciones políticas, patrióticas y revolucionarias de todos los tiempos, se convirtió en un factor esencial de la resistencia popular patriótica y antiimperialista, latinoamericanista, solidaria e internacionalista, así como en el valladar ético más importante para la salvaguarda de la Identidad Nacional, la Independencia y Soberanía Nacional, la Nación, el Estado- Nación Popular y Socialista cubano. En estos difíciles años de Período Especial en Tiempos de Paz, consecuencia del derrumbe del paradigma socialista de Europa del Este y la Unión Soviética, el Comandante en Jefe Fidel Castro resumió, en una frase, una posibilidad de re-construir y ayudar a la salvación de la Independencia, Nación y el Socialismo cubano, como un todo indisoluble: "Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas". (3) A su vez, el papel activo que tiene el sujeto social histórico-concreto, individual y colectivo, en la construcción del imaginario simbólico que lo rodea, hace que la identidad lejos de ser un concepto que dé cuenta de una realidad homogénea y unívoca, refleje la heterogeneidad y los conflictos sociales tales como los étnicos, raciales y clasistas, los de géneros, los sexuales, gays, generacionales y familiares, así como de las diversidades identidades grupales, sectoriales, y de todos los segmentos y estratos sociales que existen en una sociedad.

Desde lo más complejo, la Identidad Nacional del sujeto individual y colectivo ha empezado a entenderse como subjetividad compartida que se auto-crea constantemente, producto de las interacciones diversas en contextos también diversos, móviles, y hasta virtuales, en un rejuego de vivencias y experiencias personales y colectivas, definitorias y trascendentes, memorables y formativas, pero también efímeras y emergentes, transitorias y casuales, inconscientes, desestabilizadoras y transformativas, marcadas todas por las particularidades individuales, y las diversidades culturales, sociales e históricas. Y ello es también el resultado de una dinámica singular de adaptación y cambio para la búsqueda individual del equilibrio con el cambiante entorno natural y social y con nosotros mismos: Pero, visualizado e interpretado desde la apertura, la auto-transformación, la creatividad y la relatividad del propio conocimiento que se da a través del dialogo, la comunicación y el intercambio, a veces muy contradictorio, para lograr el acuerdo y el compromiso con los otros, que supone la realización de nuestra propia libertad de elección y autonomía personal relativa. Aunque, lo más importante a los efectos de la investigación es la definición de la Identidad Nacional y su comprensión como construcción social-cultural, aunque tiene puntos nodales esenciales que permite hablar de conformación y consolidación. Entendiéndose por ello la "representación" que tiene el sujeto", de lo que entiende como la construcción de una representación de sí, por lo cual la identidad de los pueblos remite constantemente a su cultura, como sistema de creencias, actitudes y comportamientos que le son comunicados a cada miembro del grupo por su pertenencia a tal; siendo un modo de sentir, de comprender y actuar en el mundo y en formas de vida compartidas, que se expresan en instituciones, comportamientos regulados, artefactos, objetos artísticos, saberes transmitidos, es "la representación del sí mismo colectivo", los mitos y la memoria colectiva que alimentan sentimientos compartidos por la colectividad nacional.

Todo el proceso de Identidad Nacional se produjo entonces, en el presente como en el pasado, como en la necesaria búsqueda de una utopía, de un ideal siempre por alcanzar, de un sueño "imposible" pero realizable, sujeto a permanente perfeccionamiento y renovación. Esta percepción de que, lo que existe nunca está completamente conquistado y, por eso, urge revitalizarlo con superiores metas originales y creativas, hace del proceso cubano de conformación de la Identidad Nacional de un dinamismo singular. Y este desarrollo a lo largo de la historia, en esencia dialéctico, no renuncia a los pilares básicos de sus mejores tradiciones históricas revolucionarias, sino que las refuerza. Ese discursar y la propia realidad, cotidiana y trascendente, es por sobre todas las esencias y fenómenos, emancipatoria y ética-revolucionaria, rechazando al conservadurismo quietista y evolutivo de cualquier fuerza y movimiento social e ideopolítico, lo que ha hecho reafirmar al politólogo Fernando Martínez Heredia, que en Cuba "[...] esta específica nación surja no sólo como plasmación de realidades preexistentes sino como sobre todo como un proyecto"" (4) que, a su vez, es corroborado por otra investigadora cuando expresa "[...] Nuestra conciencia de Nación por razones históricas y culturales, es más expectativa de liberación que consagración del orden, más horizonte e invención que tranquilizadora y pesante estructura." (5) Un año más tarde, en 1996, el poeta e intelectual Cintio Vitier escribía, en su ya prolifera obra ensayística, "[...] Lo que mejor nos identifica, pues, nuestra más creadora identidad, no puede ser únicamente un catálogo de "logros", de realizaciones, de paradigmas. Sin desdeñarlos, la identidad está más cerca de la utopía que de la consagración. La identidad no es un hecho consumado". (5) Y por su parte, el filósofo e historiador Eduardo Torres Cueva planteó que "[...] lo esencial de la definición de la cubanidad es el resultado de fases y etapas diversas en la formación de un pueblo. Ese fondo profundo que condiciona actitudes, aspiraciones, sentimientos, modos de ser y de vivir, y sobre todo, esa compleja amalgama que conforma lo más profundo de la mentalidad cubana. Profana, libérrima, alegre, fuerte, y siempre situada en el límite de todos los límites. En la necesidad de ser y en la obligación de buscar su deber ser, porque de lo contrario podría sería su no ser". (7)

Teniendo en cuenta entonces este marco teórico conceptual y su análisis histórico en el espacio-tiempo, se debe enfocar el estudio partiendo de que la Identidad Nacional es una construcción social-cultural, compleja, contradictoria, dinámica y abierta, de creación objetivo-subjetiva no lineal y que ha variado históricamente, recomponiéndose constantemente y que, de hecho, ha atravesado en Cuba por distintas etapas, reelaboraciones, estancamientos relativos, retrocesos y avances, en tanto ha sido un proceso en permanente crisis, desequilibrio y reajuste. La Identidad, según la psicóloga Carolina de la Torre, "[...] es una necesidad cognitiva, práctica y existencial, tanto en lo que se refiere (a lo que se es y) a poder ser, conocernos y hacernos a nosotros mismos (poder construir y expresar nuestra identidad individual, que es social, y nacional-cultural), como en lo vinculado a nuestras afiliaciones y pertenencias (poder participar con otros en la asimilación creativa, desarrollo y construcción de identidades colectivas, que son también personales). Asimismo, es una necesidad cognitiva, práctica y existencial en lo relacionado con la interpretación, conocimiento y construcción del mundo que nos rodea". (8)

Si a ello añadimos que, entre los resultados ya demostrados y demostrables, es relevante y trascendente la conclusión de que las razas humanas tienen un origen común (9) y no son más que variedades biológicas muy similares de una sola especie: el ser humano, que evolucionó en millones de años, a partir de los grandes y desarrollados antropoides; y que las diferencias de razas son las que existen entre grandes grupos de personas, las cuales dependen de sus particularidades biológicas, constitución hereditaria, los condicionamientos geográficos, el influjo del medio ambiente y la adaptación del ser humano a esas condiciones naturales: el clima con su calor intenso, temperaturas más cálidas y frío excesivo, las tierras fértiles, áridas y desérticas, aunadas a la abundancia o limitaciones del agua, así como a las condiciones sociales, históricas y culturales de su evolución y desarrollo. Aunque es cierto que algunas de las razas se han expandido más rápidamente, otras con mayor lentitud y, aquellas más pequeñas, aisladas y subsumidas por otras, fueron mezclándose y desapareciendo a lo largo del devenir histórico, proceso que continúa en nuestros días. Las no similitudes biológicas son muy perceptibles, aunque son de importancia secundaria, tales como las facciones de la cara, los labios, la nariz y los ojos, en que cada uno de ellos pueden variar en el volumen o carnosidad, la forma rectilínea o achatada, por el tamaño, la forma y el color, respectivamente. Además, están también referidas a la pigmentación de la piel, carácter de la vellosidad en la cara y el cuerpo, una línea especial en el párpado o la carencia de ella, la longitud del cuerpo y las proporciones de sus partes, detalles de la forma craneal, etc., ello incluye sus peculiaridades morfológicas, fisiológicas y psíquicas, pero todas han estado condicionadas sociohistórica y culturalmente. Entre los antropólogos y etnólogos, entre otros, no existe unanimidad acerca de la cantidad de razas en que se divide la población de nuestro planeta, aunque existe una generalización que advierte tres grandes razas: amarilla, negra y blanca y, en los trabajos científicos, se mencionan tres troncos raciales fundamentales: mongoloide, ecuatorial / negroide y, europoide (caucásica), aunque no se descartan las ya mencionadas razas pequeñas o de menor cuantía. Otros estudiosos han dividido esos troncos raciales en: 1.- negroide-australoide, o afro-oceánica ecuatorial; 2.- europoide o euroasiática (caucásica); y 3.- mongoloide o asiático-americana. Pero una conclusión básica radica en que existe, desde el propio surgimiento del Homo Sapiens, una enorme población mestiza que niega rotundamente el concepto de una "raza pura" como consecuencia de los cruzamientos sexuales, el intercambio de culturas, el resultado de los procesos migratorios, los enfrentamientos violentos entre los primeros grupos humanos, que trae como resultados que los vencidos se incorporen pacífica o violentamente a los vencedores, etc., y, reafirma la tesis, de que el proceso biológico no es inmutable, ni está estancado en su desarrollo.

Las últimas investigaciones sobre el Genoma Humano han desbaratado las teorías de una heterogeneidad genética esencial, cuando demostró que todas las razas humanas son portadoras de los mismos genes fundamentales del ADN. La aparición de restos humanoides en el Sur de Africa, considerados los más antiguos encontrados hasta la actualidad, viene a confirmar que Europa no fue la única génesis de la especie humana. El estudio actualizado de los mapas geológicos del planeta Tierra, a través de medios técnico-científicos más sofisticados y eficientes comprueban la unicidad, en un tiempo, de grandes porciones de tierras que, más tarde, se separaron entre sí, con el consiguiente surgimiento y desaparición de islas y continentes, lo que puede haber motivado la separación natural de territorios y de las grupos humanos-razas en un inicio, o en su contrario, su unión. Igualmente, los resultados de las búsquedas arqueológicas, unidas a los análisis etnologicos, históricos y de otras disciplinas y saberes científicos demuestran que las migraciones, desde las épocas más remotas de la vida humana, fue una condición sine qua non para la supervivencia de los diferentes grupos humanos. Los hallazgos de instrumentos de labor, formas de vivir, vestimenta, costumbres, bailes y creencias religiosas, bastante coincidentes en muchas culturas, evidencia que entre las diversas razas y grupos homínidos, hubo intercambios, vínculos y forma de coexistir, a pesar de los asimétricos procesos civilizatorios ocurridos en el tiempo y el espacio.

Notas bibliográficas y referencias:

(1) MsC. Alejandro Sebazco, Dr. Orlando Cruz, Lic. Reynier Abreu, Lic. José Aróstegui, Lic. Wilder Pérez y la Lic. Dania Leyva "La problemática de la Identidad Nacional. 1989-2005", en Revista Cubana de Filosofía, en formato digital, mayo-septiembre de 2008, www.filosofia.cu

(2) Mercer Kobena Welcome to the jungle: identity and diversity in postmodern politics, Rutherford (ed.), Identity: culture, communit y and difference, Lawrence and Wishart, London, 1990, p. 51.

(3) Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 3 de febrero de 1999, Editora Política, La Habana, 1999, p. 7.

(4) Fernando M. Heredia Nación y Sociedad en Cuba, Contracorriente, No. 2, La Habana, 1995, p. 27.

(5) Magaly Muguercia "Parecen blanca y la estrategias "nacionalizadoras", La Gaceta de Cuba, No. 3, La Habana, 1995, p. 21.

(6) Cintio Vitier La identidad como espiral, La Gaceta de Cuba, No. 1, Ene-Feb, La Habana, 1996, p. 24.

(7) Eduardo Torres Cueva En busca de la cubanidad, (II), en Debates Americanos, No. 3, enero-junio, La Habana, 1997, p. 10

(8) Carolina de la Torre Las Identidades. Una mirada desde la psicología, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2001, p. 34.

(9) Algunas teorías biológicas y antropológicas asumen que el origen de la especie humana procede de antepasados completamente distintos, es decir poligenéticos.




(10) Charles Darwin lo explica fehacientemente en su obra cumbre "El origen de las especies" (1859) y Federico Engels lo retoma en su folleto, "El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre", en Carlos Marx y Federico Engels Obras Escogidas, en un tomo, Editorial Progreso, Moscú, s/f., pp. 371-382.

Más información:
América Latina
Cuba
Cuba debate socialista en Kaos en la Red
Memoria histórica

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27 noviembre 2005

Una nueva concepción de Determinismo

Una nueva concepción de Determinismo

© Jorge Palacios C. 1998
palacios@guayacan.disico.uv.cl

RESUMEN
En este ensayo se analiza el concepto de Determinismo. Según el autor, este concepto se encuentra en proceso de redefinición: el pensamiento dialéctico clásico es rígido y propone que, de conocerse todas las leyes que rigen un fenómeno y las condiciones iniciales, es posible predecir el estado de un sistema en su totalidad y en cualquier momento.

Actualmente comenzaría a surgir en las ciencias, en cambio, un determinismo dialéctico sugerido en importante medida por la propia investigación científica experimental y abierto a la novedad, al azar y a facetas imprevisibles en la evolución del universo.

ABSTRACT
In this essay the author analyses the concept of Determinism. According to him, this concept is in the process of being redefined: classic dialectic thought is rigid and proposes that, if all initial conditions and laws governing a phenomenon are known, it is possible to predict completely and at any time the state of a system. A new form of dialectic determinism would be currently emerging in great part inspired by experimental science itself, which is open to novelty, and the randomness and unpredictability of the evolution of the universe.

Al parecer, una visión renovada de las teorías y de las experiencias científicas
ha comenzado en los últimos decenios a abrirse paso, vigorosamente, en oposición a la interpretación clásica, aún corregida por la Teoría de la Relatividad y por la Mecánica Cuántica. En física, por ejemplo, si bien todavía sigue vigente la interpretación "oficial", e incluso en muchos aspectos predominando, toda una corriente de epistemólogos y científicos impugnan aspectos esenciales de dicha interpretación. Entre ellos, Ilya Prigogine, Isabelle Stengers, Edgar Morin, Henri Atlan, Paul Feyerabend e, incluso el Karl Popper de: AThe Open Universe@.

Si debiéramos calificar el contenido de la flamante corriente de pensamiento que emerge, - simplificando como es inevitable al colocar etiquetas - me atrevería a decir, que ella representa una Adialectización@ en la conceptualización de los fenómenos naturales. No se trata, sin embargo, de una reedición, inspirada en las ciencias, de aquella filosofía materialista - fecundada por la dialéctica hegeliana - que postulara el marxismo. Este, en sus esfuerzos por conferir a su concepción materialista un sólido respaldo en los postulados científicos que le fueran contemporáneos, se dejó atrapar por la concepción dogmática imperante en aquella época entre los hombres de ciencia, que postulaban la existencia de un determinismo rígido y mecanicista. Es así, como el marxismo sacrificó aspectos esenciales de la inspiración dialéctica heredada de Hegel por un materialismo puramente mecanicista.

El pensamiento dialéctico que comienza a surgir actualmente en las ciencias, en cambio, es expresión de un determinismo dialéctico sugerido en importante medida por la propia investigación científica experimental y abierto a la novedad, al azar y a facetas imprevisibles en la evolución del universo.


El reino de la identidad

Para comprender las dificultades que el ser humano ha tenido para acceder a la realidad en sus aspectos dialécticos y comenzar a aceptarla como tal, es indispensable comprender la importancia decisiva que ha tenido en el desarrollo de su pensamiento, así como de la comprensión del mundo en que le tocó vivir, la noción de identidad. Una identificación consciente de propiedades que son detectadas y/o atribuidas a la realidad (aunque sea de un modo provisorio) es una función inherente a todo acto de conocimiento. Más aún, la existencia objetiva de momentos de identidad por lo menos relativos, o sea, de igualdad consigo mismos de los objetos y/o de ciertas propiedades que los caracterizan, es indispensable al conocimiento de nuestro medio. En efecto, en un universo absolutamente cambiante, en que nada permaneciera idéntico a sí mismo ni por un instante, tanto la existencia de seres vivos como el conocimiento del mundo que algunos de ellos poseen, serían del todo imposibles. De allí la importancia básica que adquirió desde los comienzos de la humanización de nuestra especie, la capacidad de detectar y reconocer la identidad. No es de extrañarse, por lo mismo, que los más importantes sistemas metafísicos con los que se inició la filosofía en occidente, buscaran - ya sea en un plano ideal y especulativo o en la realidad misma - una entidad que permaneciera siempre igual a sí misma, en la cual pudiera asentarse el conocimiento de manera sólida y definitiva. Junto con esos primeros sistemas filosóficos apareció, muy pronto, formulado y sistematizado de manera explícita, un sistema lógico de inferencia basado en la identidad.

La ciencia experimental no hizo más que proseguir esta misma búsqueda de la identidad con métodos relativamente distintos. Su labor esencial, en efecto, ha consistido en descubrir y formular leyes verificables a través de la experiencia.

Es decir, detectar identidades, repeticiones, regularidades en los fenómenos, que permitan preveerlos. Al progreso de la ciencia está íntimamente ligado el de la tecnología. Así pues, resulta que una teoría que ha estado basada, fundamentalmente, en una lógica de la identidad, se proyecta en un quehacer práctico, tecnológico, de transformación de la realidad, que es eminentemente dialéctico, contradicción que tarde o temprano debía resolverse. Tanto más cuanto que la propia experimentación, que la ciencia utiliza para verificar o refutar sus hipótesis y teorías, es, asimismo, una interacción tecnológica y dialéctica del investigador con el medio.

Determinismo mecanicista

El propio éxito de la ciencia en sus aplicaciones prácticas, así como los remanentes de la influencia sobre ella de los viejos sistemas filosóficos metafísicos, conducen a sus representantes a sobrevalorar los aspectos de identidad detectados en la realidad y a postular, sobre esa base, un determinismo rígido y absoluto de corte mecanicista. La concepción mecanicista de la ciencia, inspirada básicamente en la física y en la astronomía, se caracteriza por toda una serie de prejuicios y extrapolaciones infundados. Enumeraremos algunos de ellos:

1) Se generaliza una tendencia reduccionista. Es decir, se piensa que fenómenos complejos, como por ejemplo, los estudiados por la biología (y aún por disciplinas como la psicología y la sociología), podrían ser explicados en tanto procesos químicos; éstos, por su parte, como fenómenos físicos; los cuales, en última instancia, se reducirían a interacciones entre partículas regidas por las leyes de la mecánica clásica.

2) Se piensa que será posible explicar todo lo que acontece en el universo por medio de unas cuantas leyes causales simples e inmutables. No se acepta la existencia de hechos azarosos o caóticos en la realidad y ellos son considerados tan sólo como "apariencias", que expresan nuestra ignorancia provisoria ante procesos demasiado complejos.

3) Las leyes científicas son consideradas como regularidades rigurosas e inmutables y las inadecuaciones entre ellas y las experiencias destinadas a verificarlas,como una consecuencia de errores humanos y/o imperfecciones de los instrumentos de medición, fallas, ambas, susceptibles de ser progresivamente eliminadas.

4) Se excluye la idea del tiempo en tanto expresión de la irreversibilidad de los procesos, marcada por el surgimiento de fenómenos inéditos, y a veces imprevisibles en su especificidad. Tanto la dinámica clásica como la relativista, hacen de la reversibilidad una propiedad esencial de toda evolución dinámica. El tiempo es concebido como tributario del espacio: se le mide en función del espacio recorrido por un móvil o señal luminosa. "La naturaleza que supone la dinámica clásica es una naturaleza a la vez amnésica, desprovista de historia, y enteramente
determinada por su pasado." (1)

5) Los componentes y fuerzas que integran el universo son concebidos como simétricos: a la acción corresponde una reacción igual, a la materia igual cantidad de anti-materia, etc.

Fatalismo determinista

Las premisas enunciadas más arriba están ligadas a una concepción determinista rígida y absolutista. El tiempo como proceso irreversible, en el que surge lo nuevo e imprevisible en su especificidad, - ya sea debido a interacciones inéditas entre ciertas causas o a una perturbación infinitesimal que determinará cuál es el rumbo evolutivo que asumirá un proceso entre diversas posibilidades potenciales que le son inherentes - es considerado como una pura ilusión subjetiva.

Se acepta que hay cambios en el universo, pero ellos se reducirían a la producción de lo mismo por lo mismo,..." transformando todo lo real en una inmensa tautología." (2). Alejandro Kojeve, describiendo la concepción clásica del determinismo, expresa: ..."los representantes de la física clásica no dudaban del hecho de que todos los acontecimientos de la naturaleza son estricta y completamente determinados.
Ellos no conocen, por cierto, todas las leyes que rigen la naturaleza, pero admiten que esta leyes existen, y que ellas son, en principio, accesibles al físico.

La idea del determinismo clásico revestía generalmente la forma del principio llamado "principio de causalidad": en el mundo físico nada es fortuito, todo es allí previsible; todo fenómeno tiene una causa que le precede necesariamente, de manera que conociendo la causa se conoce igualmente el efecto; nada se pierde, nada se crea, la causa es conservada en el efecto." (3)

Por lo que concierne a la previsibilidad de los estados futuros del universo, en función de la concepción absolutista y rígida del determinismo que hemos analizado, nada más gráfico que las optimistas declaraciones de Laplace: "Una inteligencia que, en un instante dado, conociera todas las fuerzas que animan a la naturaleza, y la situación respectiva de los seres que la componen, y si por otra parte ella fuera suficientemente vasta como para someter a análisis esos datos,
abarcaría en una misma fórmula, los movimientos de los más grandes cuerpos del universo y aquellos del átomo más liviano; nada sería incierto para ella, y el porvenir,como el pasado, estaría presente ante sus ojos." (4).

Leyes naturales sólo probables

Uno de los primeros indicios de la falsedad de ese modelo de un determinismo rígido y absolutista, así como de la creencia en la posibilidad de prever el futuro hasta en sus detalles, surgió en los intentos por verificar experimentalmente la vigencia de las leyes científicas. Es sabido, que en la física clásica se pensó que las leyes científicas regían de un modo riguroso los hechos a los que ellas se referían; que eran aplicables a dichos fenómenos de una vez para siempre; y que la inadecuación que las leyes presentaban respecto a las experiencias destinadas
a verificarlas, se debía a errores o a fallas en los métodos y/o instrumentos de medición, anomalías que se irían corrigiendo, progresivamente, en la medida en que tales métodos e instrumentos se perfeccionaran. Hoy por hoy, en cambio, se piensa que las leyes científicas nos indican, a lo sumo, la probabilidad de que los hechos previstos por ellas ocurran dentro de ciertos márgenes establecidos. Y ésto, no se debería a nuestra ignorancia ni a fallas o errores en los métodos y/o instrumentos de medición. Al contrario, mientras más precisas han sido las mediciones y más perfecto se ha tornado el instrumental con que ellas se efectúan (lo que ha permitido acceder a los micro- procesos que conforman el macro-cosmos), más patente se ha hecho la validez puramente probabilística de las previsiones legales. Y lo que es aún más significativo: el carácter tan sólo probable de las regularidades de los fenómenos codificadas por las leyes de la ciencia, comienza a ser interpretado actualmente, no como un mero sistema de cálculo estadístico destinado al estudio de conjuntos de elementos cuyo comportamiento, caso por caso, sería muy complejo de analizar, sino, incluso, como una propiedad objetiva inherente a sucesos considerados individualmente. "Para Popper, el valor que toma la función de probabilidad mide la intensidad o la fuerza de la propensión que tiene un acontecimiento de producirse; la probabilidad cuantifica pues, en cierto modo, una potencialidad ligada a tal o tal sistema físico; poco importa que éste sea simple o complejo, libre o en interacción con otros sistemas." Y más adelante Popper habla de: ..."la probabilidad para que tal acontecimiento se produzca,como una propiedad objetiva ligada a dicho acontecimiento, inherente a la naturaleza de las cosas; asimismo, una distribución de probabilidad aparece como una propiedad objetiva (potencial, si no efectiva) ligada a tal o tal sistema físico."(5).

El carácter puramente probabilístico de las regularidades que las leyes científicas expresan, se debe a que TODO proceso o fenómeno es una mezcla de aspectos comunes con otros procesos o fenómenos, con aspectos diferentes y específicos propios a cada uno ellos; una mezcla de relativa independencia en relación a otros procesos o fenómenos y de dependencia y modificaciones mutuas derivadas de las interacciones con ellos; una combinación de una relativa estabilidad
en ciertos aspectos de la estructura de cada proceso o fenómeno, con una inestabilidad en otros aspectos; así como de persistencia, por un cierto tiempo, en la identidad consigo mismos de los aspectos "esenciales" de dichos procesos o fenómenos, con la posterior transformación cualitativa de los mismos, debido al desarrollo de las contradicciones internas o externas que los afectan. En suma, la validez sólo probabilística de las leyes científicas se debe al carácter básicamente dialéctico y contradictorio que encierran TODOS los procesos o fenómenos.

El azar y la ley

Algunos juegos de azar, analizados a través del cálculo de probabilidades (el mismo que se utiliza actualmente para expresar ciertas leyes científicas), pueden ilustrar muy bien los vínculos inseparables que unen la identidad y regularidad expresadas por dichas leyes, con una serie de fenómenos aleatorios que se oponen a esas propiedades, determinando su carácter sólo probabilístico. Así, por ejemplo, se sabe que para un gran número de lanzamientos de un dado, el cálculo de probabilidades permite establecer una regularidad estadística aproximada: cada
cara del dado posee el mismo número de oportunidades de salir. Esta forma de identidad relativa, de regularidad en el comportamiento del dado, - esta suerte de ley científica del juego de dados - obedece a causas objetivas. Ella deriva, por una parte, de la simetría de las seis caras del dado (equidistantes de su centro de gravedad); y, por otra parte, del carácter irregular de los lanzamientos.

La regularidad en la forma del dado (que ofrece a cada una de sus caras el mismo número de posibilidades de mostrarse), se combina con la irregularidad en la manera de lanzarlo (que en su dinámica ofrece, también, a todas las caras del dado una expectativa igual de aparecer), para determinar que, en un gran número de jugadas opere la ley mencionada. Tenemos pues, un marco de identidad relativa establecido por la forma simétrica y por la estabilidad estructural del dado, que determinan que una cara cualquiera del mismo deba aparecer, sin preferencia por ninguna de ellas. Por otra parte, el factor variable (derivado de los diferentes modos de lanzar
el dado), es el que pone en acción las seis eventualidades posibles del resultado, permitiendo que opere la ley, que establece la equiprobabilidad de que cada una de las caras se haga visible en un gran número de lanzamientos.

Para precisar aún más la analogía del ejemplo anterior con la formulación probabilística de las leyes científicas, hay que señalar que la estructura simétrica y estable del dado (con las consecuencias determinantes que ella comporta respecto a la regularidad estadística en el comportamiento de éste y en la ley ya mencionada), es producto de una cantidad enorme de complejas interacciones y fluctua ciones de elementos menores, que conforman la estructura de dicho objeto. Esos micro- procesos no son tomados en cuenta en el cálculo de probabilidades destinado a establecer la regularidad estadística de la ley de este juego de azar, pues no afectan de un modo significativo la forma o el comportamiento del dado.

Teóricamente, sin embargo, podría ocurrir que tales fluctuaciones e interacciones, sea como consecuencia de factores internos inherentes a la estructura del dado; sea como resultado de la influencia de factores externos, macroscópicos, lleguen a alterar la estructura simétrica del dado - incluso su carácter de tal - modificando así la regularidad expresada por la ley. Por otra parte, la decisión estableciendo que las fluctuaciones de los micro- procesos que conforman la estructura del dado, no son significativas en lo que concierne a las regularidades de la ley probabilística que expresa su comportamiento, depende, únicamente, del grado de exactitud que exijamos en las previsiones que serán efectuadas con dicha ley. Las leyes de la física clásica, que fueran cambiadas radicalmente por la Teoría de la Relatividad, permiten también prever una gran cantidad de fenómenos, sólo que dentro de ciertos límites de precisión.

Por otra parte, en la vigencia de la ley estadística que se refiere al juego de dados, la irregularidad de los lanzamientos, que ofrece, actuando como factor relativamente aleatorio, iguales posibilidades de aparición a las seis caras del dado,no puede tampoco ser de cualquier magnitud en su irregularidad aleatoria, si esperamos que dicha ley opere en el contexto en que ella fue formulada y verificada.
Dicha irregularidad, debe operar en los marcos de un cierto contexto de identidad y estabilidad.

Asimismo, si lográramos a través de un sistema controlado de lanzamientos del dado, eliminar la variabilidad irregular y aleatoria de dichos lanzamientos, obteniendo de ese modo que aparezca regularmente una y la misma cara del dado; si logramos así, oponiéndonos a la simetría del dado, eliminar cinco de las seis posibilidades de sus caras a presentarse, sólo estaremos imponiendo al dado un nuevo tipo de regularidad más restringida que la anterior: una coacción legal más
rígida que la precedente. No obstante, hay que señalar que esta nueva ley, que controlando la variabilidad de los lanzamientos, impone al dado la aparición repetitivade una sola cara, no eliminaría tampoco completamente los factores aleatorios,azarosos, casuales, que influirían sobre la nueva ley impidiendo una repeticiónabsolutamente idéntica del comportamiento del dado. Incluso, si el dado, sistemáticamente, exhibiera la misma cara prevista, él caería en ángulos diferentes y/o a distancias variables respecto a los límites de la superficie sobre la cual lo
lanzamos. Y aún, si consiguiéramos controlar e imponer una conducta repetitiva más rígida a algunas de estas variables, nos enfrentaríamos siempre a otros aspectos aleatorios, - sea en relación con el medio en el cual se efectúan los lanzamientos, sea, por último, en relación con la estructura microscópica del dado o de dicho medio - que impedirían que opere una regularidad absoluta en el comporta miento del mismo.

Podemos concluir, por consiguiente, que las particularidades aleatorias (internas o externas a los procesos), que impiden la vigencia absoluta e irrestricta de cualquiera ley científica, son inseparables de ella; por otra lado, dichas particularidades,que resultan aleatorias y opuestas a la regularidad expresada por unaley, son, asimismo, inseparables de ciertas formas de identidad, - de regularidad legal - inherentes a su nivel de contingencia. Ni ley pues, sin irregularidad; ni
irregularidad total, sin ley. En la actualidad, además, a las leyes científicas no se las conceptúa como en el pasado, como imperativos trascendentes e inmutables o decretos divinos, que ejercerían desde el exterior su determinación sobre los fenómenos, sino como una expresión abstracta de identidades y regularidades inherentes a los propios fenómenos y a sus interacciones.

Ellas son concebidas pues, como históricas, es decir, con una existencia que depende de aquellos hechos cuyas regularidades expresan de un modo abstracto. Por lo mismo, no tiene sentido hablar de leyes de la química en relación con ese plasma a altísimas temperaturas, que se supone existió en los primeros segundos del Big Bang o de leyes de la biología antes de que apareciera la vida en el planeta. Como señala Edgar Morin: ..."el orden de la Naturaleza no está más constituído por leyes anónimas gobernando de manera superior y exterior a los cuerpos del universo.

El se forma al mismo tiempo que se forman los primeros cuerpos materiales, las partículas; el se desarrolla al mismo tiempo que se producen las interacciones nucleares, electromagnéticas, gravitacionales entre los cuerpos."(6). Ciertos procesos, con las leyes que le son propias (como la vida, por ejemplo), sólo surgen a partir de un cierto grado de complejidad evolutiva de los procesos naturales.

Muchas propiedades y leyes típicas inherentes a dichos procesos más complejos, si bien provienen de estados evolutivos anteriores, no pueden ser - en su especificidad- explicadas ni previstas, simplemente deduciéndolas de las propiedades,leyes, o fenómenos de esos estados previos de los cuales derivaron. La concepción histórica de todos los fenómenos y leyes del universo es pues, incompatible con aquellas antiguas interpretaciones de tipo reduccionista de los mismos.

La complejidad de lo real

Junto con eliminar del pensamiento científico la idea de la vigencia universal de un orden determinista rígido y absolutista, se ha dejado de concebir la constatación de la existencia de azar y de desorden en el universo como simples expresiones de nuestra ignorancia de las leyes que rigen tales fenómenos, es decir, de un determinismo oculto tras una apariencia caótica. Actualmente, se ha asumido la concepción de la realidad como algo complejo, en que coexisten el orden y el desorden, la necesidad y el azar, lo previsible y lo nuevo e imprevisible, transformándose, además, unos en otros. Edgar Morin señala: "Resulta que el viejo orden eterno-absoluto de las leyes soberanas- universales, como el antiguo determinismo laplaciano que excluía todo álea, toda incertidumbre, toda bifurcación, en el pasado como en el futuro, han muerto. Pero no la idea de orden ni la de determinación.

Al contrario, la idea de orden y la idea de determinación se han enriquecido, flexibilizado, pluralizado... La idea enriquecida de orden no puede expulsar más la idea de desorden. Ella debe abrir un diálogo orden y desorden organización. A diferencia de la explicación clásica, que arrojaba al infierno extracientífico todo aquello que no dependía únicamente de un paradigma de orden absoluto, la explicación moderna invoca un paradigma irreductible ordendesorden-
interacciones- organización. De ese modo el mito del determinismo cede su lugar a la problemática de un orden que se ha hecho ineluctablemente complejo, es decir, ligado de manera no solamente antagonista, sino complementaria al desorden, el cual arroja su desafío - fecundo y mortal, como todo desafío - al conocimiento científico." (7).

En la actualidad, por otra parte, no sólo se ha constatado la coexistencia de orden y desorden en la realidad, sino a través de experiencias muy concretas, las transformaciones de fenómenos ordenados en caóticos y vice- versa. Ilya Prigogine, precisamente, obtuvo el Premio Nóbel por demostrar teórica y experimentalmente, el paso de una categoría de fenómenos a sus opuestos. Es posible, por ejemplo, mostrar como el acoplamiento de dos movimientos de un péndulo, -
cada uno de ellos plenamente calculable con el viejo concepto determinista- es capaz de generar un movimiento caótico del mismo. Prigogine, asimismo, demuestra experimentalmente: ..."la formación de "estructuras disipativas" en condiciones muy alejadas del equilibrio, y en que la estructura surge a partir del caos térmico, del azar molecular." A propósito de tales experiencias, él dice: "Los conceptos de ley y de "orden" no pueden ya considerarse inamovibles, y hay que investigar el mecanismo generador de leyes, de orden, a partir del desorden, del
caos." (8)

Generalización de lo particular

La nuevas concepciones dialécticas que se abren paso en las ciencias, valoran como un factor decisivo en la evolución de muchos procesos, la actualización y desarrollo - a partir de un estado potencial - de una contingencia, de una singularidad, la cual, en interacción con un medio favorable, se expande, convirtiéndose en propiedad común de numerosos fenómenos y, a veces, en ley de un nuevo proceso. Es el principio enunciado por Darwin en relación con la evolución de las especies: una particularidad, que se hace presente y se consolida a través de la herencia genética, dando origen a una nueva especie, sólo que ahora operando en fenómenos muy diferentes a los biológicos. Maxwell, por ejemplo, hablaba de: ..."la pequeña chispa que incendia una inmensa pradera, la breve palabra que conduce el mundo a la guerra, el pequeño escrúpulo que impide al hombre hacer lo que desea, la espora diminuta que pudre todas las papas, el
pequeño gene que hace de nosotros filósofos o idiotas." (9). En el terreno de la metereología se habla actualmente del llamado "efecto mariposa", es decir, de la manera cómo la perturbación producida en la atmósfera por el tenue aleteo de una mariposa, amplificándose progresivamente en su interacción con el medio, es capaz de producir un tifón en otro punto del planeta. En el plano histórico, podría mencionarse como ejemplo, el que la transformación de la sociedad feudal, no ocurrió como consecuencia de las pugnas entre las clases sociales más importantes
que existían en esa sociedad: señores feudales y siervos, ni de los aspectos económicos específicos del régimen feudal, sino del surgimiento y desarrollo vigoroso de un nuevo tipo de economía: el capitalismo; y de una nueva clase social: la burguesía, que llegó a controlar la sociedad.

La influencia que tuvo la concepción de un determinismo absolutista y rígido, - característico de la concepción metafísico-mecanicista de las ciencias en el siglo XIX - sobre el materialismo dialéctico, se manifiesta, muy especialmente, en la ausencia en él de la noción mentada de emergencia y desarrollo de particularidades significativas, como un ingrediente decisivo en la evolución de la realidad.

Ello determina, en dicha concepción materialista, una visión también mecanicista de la evolución, incapaz de asimilar el surgimiento de lo nuevo e imprevisible; así como una creencia utópico- fatalista en un proceso histórico ineluctable, con etapas perfectamente definidas y, por lo mismo, susceptibles totalmente de ser previstas y delineadas anticipadamente, visión ingenua que ha sido desmentida por los hechos.

Irreversibilidad e imprevisibilidad

El carácter únicamente probabilístico de las regularidades legales con las que se prevee el futuro; las potencialidades objetivas múltiples y diferentes de desarrollo que poseen muchos procesos; así como el hecho de que, a veces, el curso que ellos asuman dependa de una singularidad que adquiere, progresivamente, importancia en su rumbo, nos exigen concebir la evolución de la realidad como un proceso histórico irreversible y, en muchos aspectos, imprevisible. Se empieza pues, a superar aquel ideal de la ..."física clásica..., de un conocimiento
máximo, completo, que reduciría el devenir a una repetición tautológica de lo mismo"; y con ello,..." el tiempo deja de ser cíclico, y él comienza a poder abrirse hacia el infinito." (10).

Para la física clásica la reversibilidad de los fenómenos que ella estudiaba era una propiedad esencial de los mismos. Como señalan Prigogine- Stengers: "La reversibilidad de la trayectoria dinámica fue, en lo que le concierne, implícitamente afirmada por todos los fundadores de la dinámica, y entre otros por Galileo y Huyghens: cada vez que ellos querían explicar la relación de equivalencia entre causa y efecto, por medio de la cual ellos se proponían fundamentar su descripción matemática del movimiento, evocaban una operación imaginaria, muy bien
ilustrada por una pelota perfectamente elástica que rebota sobre el suelo; ellos imaginaban la inversión instantánea de la velocidad del móvil estudiado, y describían su retorno hacia la posición inicial con restauración simultánea de lo que había producido el movimiento acelerado entre el instante inicial y el instante de la inversión. La pelota, por ejemplo, remonta a su altura inicial. La dinámica hace de la reversibilidad la propiedad de toda evolución dinámica... Lo que una evolución dinámica ha efectuado, otra evolución, definida por la inversión de las velocidades,
puede deshacerlo y restaurar una situación idéntica a la situación inicial."

Y en otro punto, recuerdan: "Las leyes universales de la dinámica de trayectorias son conservativas, reversibles y deterministas. Ellas implican que el objeto de la dinámica es conocible de parte a parte: la definición de un estado del sistema, no importa cual, y el conocimiento de la ley que rige la evolución, permiten deducir, con la certeza y la precisión de un razonamiento lógico, la totalidad de su pasado como de su futuro." (11). Prigogine, refuta ésto en otra de sus obras: "Podemos hoy en día percibir nuevas perspectivas. Sabemos que vivimos en un mundo pluralista, que contiene el determinismo, lo aleatorio, lo reversible y lo irreversible.

Podemos identificar fenómenos deterministas como el péndulo o el movimiento de la luna en torno de la tierra; sabemos que en el caso del péndulo idealizado sin fricción, ese movimiento es también reversible. Pero por otro lado, existen también procesos irreversibles como la difusión de dos líquidos o las reacciones químicas; en fin, es necesario admitir los fenómenos aleatorios.
Pero lo que ha cambiado desde comienzos de siglo, es nuestra apreciación de la importancia relativa de esas cuatro categorías. Los físicos eran casi unánimes en la opinión que las leyes fundamentales del universo eran deterministas y reversibles.

Los procesos que salían de esos marcos aparecían como anomalías, debidas a una aparente complejidad, que era atribuida a nuestra ignorancia o a nuestra falta de control sobre las variables. Ahora bien, en este fin de siglo, somos más y más numerosos los que estimamos que las leyes fundamentales son irreversibles y aleatorias, mientras las leyes deterministas y reversibles, cuya existencia no objetamos, no se aplican sino a situaciones límite: procesos "ejemplares", en el sentido en que lo son los relatos simplificados que mostramos a los niños antes de confrontarlos a los problemas reales." (12).

La irreversibilidad temporal está ligada, esencialmente, a la novedad evolutiva y ésta a la imprevisibilidad, derivada, no sólo de nuestra ignorancia de las causas que produjeran ciertos efectos, sino del surgimiento en la realidad de fenómenos auténticamente inéditos y originales. Ellos derivan de causas ya existentes (pues no hay efecto sin causa), pero se diferencian de sus causas en la especificidad de sus atributos. Esos efectos, por lo tanto, no son deducibles de las
propiedades que exhiben sus causas, pues ellos resultan de interacciones nuevas y originales entre esas causas. En un universo imaginario en el que sólo existiera hidrógeno y oxígeno en estado puro, el agua con sus propiedades sería inconcebible y no podríamos preverla sobre la base de los atributos de dichos gases, hasta que se produzca la combinación específica que la origina. El agua, surge como una realidad cualitativamente diferente, que no es la simple suma o agregado de las propiedades de los gases que la generaron.

Por otra parte, la evolución que un sistema emprenderá resulta imprevisible de un modo cierto y unívoco, debido a que ella depende con frecuencia de un conjunto de acontecimientos probables, que son otras tantas potencialidades objetivas de la realidad, entre las cuales se ignora cuál va a actualizarse y a determinar esa evolución. ")

Si, a partir de una cierta distancia del equilibrio, no una sino varias posibilidades se abren al sistema, hacia qué estado evolucionará éste?", se pregunta Ilya Prigogine. Y responde: "Eso depende de la naturaleza de la fluctuación que efectivamente vendrá a desestabilizar al sistema inestable y se amplificará hasta realizar uno de los estados macroscópicos posibles." Y luego
señala respecto al sistema en cuestión: "El recorrerá así el diagrama de las bifurcaciones emprendiendo un camino que constituye, hablando en propiedad, una historia: el determinismo de las ecuaciones que permiten calcular la estabilidad e inestabilidad de los diferentes estados; y el azar de las fluctuaciones que deciden hacia qué estado el sistema se dirigirá efectivamente, están ahí inseparablemente asociadas." Y luego: "En efecto, que el sistema esté en este estado singular no es deducible. Otros estados le eran igualmente accesibles. La única explicación es
pues, histórica o genética: es necesario describir el camino que conforma el pasado del sistema, enumerar las bifurcaciones atravesadas y la sucesión de fluctuaciones que decidieran su historia real entre todas las historias posibles." (13).

A modo de conclusión

La superación, en el nuevo paradigma que parece abrirse paso en las ciencias, de las antiguas nociones de ley científica, de causa, de razón suficiente, de reversibilidad, de determinismo, de previsión del futuro, no es expresión de un retroceso en el terreno científico o de una invasión de éste por una total irracionalidad.

La capacidad científica de previsión que fuera conquistada no cesa de acrecentarse y aún la física newtoniana, - por la parte de verdad que ella contiene dentro de ciertos límites de precisión - es utilizada para los cálculos con que se lanzan los satélites al espacio. Lo que ha entrado en crisis y comienza a ser dejado de lado, son ciertas extrapolaciones sin fundamento hechas en el pasado y basadas en conocimientos muy parciales de la realidad. No se gana en precisión ni tampoco
en racionalidad respecto a las previsiones científicas, suponiendo a priori y en forma errada una vigencia irrestricta a leyes que sólo expresan la probabilidad de alcanzar el resultado previsto, o cerrando simplemente los ojos frente a cambios imprevisibles, que tienen lugar tanto en la historia social de la humanidad, como en la historia natural. Los serios trastornos ecológicos que amenazan la propia supervivencia de nuestra especie en el planeta, derivados de torpes aplicaciones tecnológicas de las ciencias, - y que hace unos pocos decenios apenas, comenzamos
a percibir - constituyen una seria advertencia de lo negativo que resulta el perseverar en posiciones dogmáticas o impregnadas de un optimismo racionalista infundado.

La gran innovación que se ha iniciado con la dialectización de las actuales teorías científicas es el haber vinculado las ciencias naturales, - que parecían absolutamente extrañas a la historia y a los problemas humanos - a la noción de un tiempo irreversible, es decir, de un tiempo similar a aquel en que nos sentimos inmersos y viviendo cotidianamente. El hombre ya no es más un fenómeno casual en medio de una naturaleza a la que todo lo humano le es extraño. El nuevo
paradigma implica una refutación de aquella lúgubre y lapidaria idea que enunciara el famoso biólogo Jacques Monod: "La antigua alianza se ha roto; el hombre sabe por fin que él está solo en la inmensidad indiferente del Universo, en donde él emergió por azar."

Bibliografía

(*) Las traducciones del francés han sido hechas por el autor de este trabajo.

1) Prigogine & Stengers: >La Nouvelle Alliance=(*), Gallimard 1986, pag. 130 .
2)Henri Atlan: París, Le débat, NE 14 - Juillet- Aoüt 181, pag. 85
3) A. Kojeve: >L=Idée du Déterminisme=, Librairie Générale Française, 1990, pag. 43
4) P.S. Laplace: >Essai philosophique sur les probabilités=, Paris, Bachelier 1840, pag. 4
5) Mario Bunge: Philosophie de la physique, Seuil 1975, pag. 93
6) Edgar Morin: Science avec conscience, Seuil 1990, pag. 201
7) Edgar Morin: Paris, Le débat, NE 6 novembre 1980, pag. 111
8) Prigogine: )Tan sólo una ilusión?, Barcelona, Tusquet, 1983, pag.159
9) Maxwell JC, Science and Free Will. In Campbell L et Garnett W. The Life of James Clark Maxwell, p. 443. London, MacMillan, 1882.
10) Prigogine et Stengers: Idem, pag. 351
11) Prigogine et Stengers: Idem., pag. 104- 105- 356
12) Prigogine: Temps et Devenir, Patiño, Suiza 1988, pag. 152
13) Prigogine et Stengers: Idem. pags. 229- 230-231 Jorge Palacios Calmann, chileno, nacido en 1926 Valparaíso, es periodista y profesor de Filosofía. Ocupo el cargo de director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile. Autor de libros "Chile: una tentativa
de compromiso histórico" (Paris, 1980), "La nécessité apprivoisée" (editions Patiño, Geneve, 1992) y artículos de divulgación científica (La Epoca).

20 noviembre 2005

2. La acción directa


2. La acción directa
Anton Panneckoek
del Libro los Consejos Obreros
Como instrumento de lucha de la clase trabajadora contra el capital, los sindicatos están perdiendo su importancia. Pero la lucha misma no puede cesar. Las tendencias represivas se hacen más fuertes bajo el gran capitalismo, y por lo tanto la resistencia de los trabajadores también debe ser más enérgica. Las crisis económicas se hacen cada vez más destructivas y socavan un progreso aparentemente asegurado. La explotación se intensifica, para retrasar la disminución de la tasa de beneficio que percibe el capital, en rápido aumento. Así se provoca una y otra vez a los trabajadores a que opongan resistencia. Pero contra el poder grandemente acrecentado del capital ya no pueden servir los viejos métodos de lucha. Se requieren nuevos métodos, y muy pronto comienzan a aparecer por sí mismos. Brotan espontáneamente en la huelga (ilegal) salvaje, en la acción directa.

La acción directa significa acción de los trabajadores mismos sin intermediación de los funcionarios sindicales. Una huelga se llama salvaje (ilegal o no oficial), por contraste con la huelga declarada por el sindicato de acuerdo con las disposiciones y reglamentaciones. Los trabajadores saben que esta última no produce ningún efecto, pues los funcionarios se ven forzados a declararla contra su propia voluntad y punto de vista, pensando quizá que una derrota será una lección saludable para los insensatos trabajadores, y tratando, en todo caso, de ponerle término lo antes posible. Así, cuando la presión es demasiado intensa, cuando las negociaciones con los directores se prolongan sin ningún resultado, al final en grupos más pequeños o más grandes irrumpe la exasperación y se desencadena la huelga salvaje.

La lucha de los trabajadores contra el capital no es posible sin organización. Y la organización surge en forma espontánea, inmediata. No por supuesto en la forma en que se funda un nuevo sindicato, con una junta elegida y reglamentos formulados en párrafos ordenados. A veces, sin duda, se lo ha hecho de esta manera; al atribuir la ineficacia a deficiencias personales de los viejos líderes, y en su amargura contra el viejo sindicato, los trabajadores fundaron uno nuevo y pusieron a su frente a sus hombres más capaces y enérgicos. Entonces sí que al comienzo todo fue energía y febril acción; pero a la larga el nuevo sindicato, si sigue siendo pequeño carece de poder no obstante su actividad, y si crece y se agranda, desarrolla necesariamente las mismas características que el sindicato anterior. Luego de tales experiencias los trabajadores seguirán al final el camino inverso, de mantener enteramente en sus propias manos la dirección de su lucha.

La dirección en las propias manos, llamada también su propio liderazgo, significa que toda iniciativa, todas las decisiones, proceden de los trabajadores mismos. Aunque haya un comité de huelga, porque todo no lo pueden hacer siempre juntos, lo que se hace lo deciden los huelguistas; continuamente en contacto entre sí distribuyen el trabajo, planean todas las medidas y deciden directamente todas las acciones. Decisión y acción, ambas colectivas, son una sola cosa.

La primera y más importante tarea es la propaganda para ampliar la huelga. Debe intensificarse la presión sobre el capital. Contra el enorme poder del capital están inermes no sólo los obreros individuales, sino también los grupos separados. El único poder que equipara al capital es la firme unidad de toda la clase trabajadora. Los capitalistas saben o sienten esto perfectamente bien, y así lo único que los induce a hacer concesiones es el temor de que la huelga pueda difundirse y llegar a ser general. Cuanto más manifiestamente decidida sea la voluntad de los trabajadores, cuanto mayor sea el número de ellos que toma parte en la huelga, tanto más probable será el éxito.

Tal extensión es posible porque no se trata de la huelga de un grupo retrasado, en peores condiciones que otro, que trata de elevarse al nivel general. En las nuevas circunstancias el descontento será universal; todos los obreros se sentirán oprimidos bajo la superioridad capitalista; el combustible de las explosiones se habrá acumulado por todas partes. Si los obreros se unen a la lucha no será para otros sino para sí mismos. Mientras se sientan aislados, temerosos de perder su trabajo, inseguros respecto de lo que harán sus camaradas, sin firme unidad, se abstendrán de la acción. Sin embargo, asumirán nuevamente la lucha, cambiarán su vieja personalidad pqr una nueva; el miedo egoísta retrocederá al último plano y saldrán a la luz las fuerzas de la comunidad, la solidaridad y la abnegación, alentando el coraje y la perseverancia. Estas son contagiosas; el ejemplo de la actividad combativa provoca en otros, que sienten en sí idénticas fuerzas, el espíritu de la confianza recíproca y en sí mismos. Así, la huelga espontánea como el incendio de una pradera puede propagarse a las otras empresas y envolver masas cada vez más grandes de trabajadores.

Esto no puede ser trabajo de un pequeño número de líderes, se trate de funcionarios sindicales o de nuevos portavoces que se impongan por sí mismos, aunque el empuje de unos pocos camaradas intrépidos, por supuesto, puede dar fuerte impulso a los demás. Tiene que ser la voluntad y el trabajo de todos, en iniciativa común. Los trabajadores deben no sólo hacer, sino también idear, meditar cuidadosamente, decidido todo por sí mismos. No pueden derivar la decisión y la responsabilidad a un cuerpo a un sindicato, que se ocupe de ellas. Ellos son los enteramente responsables de su lucha, y el éxito o fracaso depende de ellos mismos. De pasivos se han transformado en seres activos, que toman con decisión su destino en sus propias manos. De individuos separados que se preocupan cada uno por sí mismo, se han transformado en una unidad sólida firmemente aglutinada.

Tales huelgas espontáneas presentan además otro aspecto importante; se borra la división de los trabajadores en sindicatos diferentes y separados. En el mundo sindical las tradiciones provenientes de la anterior época pequeño-capitalista desempeñan un importante papel en la separación de los trabajadores en corporaciones que a menudo compiten entre sí, se tienen celos y polemizan. En algunos países las diferencias religiosas y políticas actúan como planos de fractura en el establecimiento de sindicatos separados de tendencia liberal, católica, socialista u otras. En el taller, los miembros de los diferentes sindicatos están uno junto a otro. Pero incluso en las huelgas se los mantiene separados como para que no se infecten con demasiadas ideas de unidad, y la concordancia en la acción y en la negociación sólo se mantiene por obra de las juntas y los funcionarios sindicales. Sin embargo, en el caso de las acciones directas, estas diferencias de afiliación a sindicatos distintos se vuelven irreales y son como etiquetas meramente exteriores. Para tales luchas espontáneas lo primero que se requiere es la unidad; y hay unidad, pues de otra manera no se podría luchar. Todos los que están juntos en una fábrica, en la misma posición, como asociados directos sometidos a la misma explotación, contra el mismo dueño, se mantienen juntos en la acción común. Su comunidad real es el taller; son personal de la misma empresa, forman una unión natural de trabajo común, suerte común e intereses comunes. Como espectros del pasado, las viejas distinciones de diferentes afiliaciones pierden nitidez, casi olvidadas en la nueva realidad viviente de los camaradas que libran una lucha común. La vívida conciencia de la nueva unidad realza el entusiasmo y el sentimiento de poder.

Así, en estas huelgas espontáneas aparecen algunas características de las próximas formas que asumirá la lucha: primero, la acción por propia iniciativa, manteniendo en las propias manos toda la actividad y la decisión; y luego la unidad, sin distinción de antiguas afiliaciones, de acuerdo con el agrupamiento natural de las empresas. Estas formas se presentan no por un cuidadoso planeamiento, sino en forma espontánea, irresistible, impuestas por el pesado poder superior del capital contra el cual las viejas organizaciones ya no pueden luchar seriamente. Por consiguiente, esto no significa que ahora se haya dado vuelta la tortilla, que ahora ganen los trabajadores. También las huelgas salvajes terminan generalmente en una derrota. Su ámbito es demasiado estrecho. Sólo en algunos casos favorables tienen éxito, cuando se proponen impedir una degradación en las condiciones de trabajo. Su importancia consiste en que demuestran un nuevo espíritu de lucha que no puede ser reprimido. De los más profundos instintos de autoconservación, de deber frente a la familia y a los camaradas surge reiteradamente la voluntad de afirmarse a sí mismo. Hay una ventaja en el aumento de la confianza en sí mismo y en el sentimiento de clase. Tales disposiciones de ánimo presagian luchas de mayor alcance, cuando las grandes emergencias sociales, al ejercer una mayor presión y producir una desazón más profunda, impulsen a las masas a actuar con mayor energía.

Cuando irrumpen huelgas salvajes en gran escala, que incluyen grandes masas de trabajadores, ramas enteras de la industria, ciudades o distritos, la organización tiene que tomar nuevas formas. Es imposible deliberar en una sola asamblea; pero más que nunca es necesaria la comprensión mutua para la acción común. Se forman comités de huelga sobre la base de los delegados del personal de todas las fábricas, para que examinen continuamente todas las circunstancias. Tales comités de huelga son por completo distintos de las comisiones directivas de funcionarios de los sindicatos; ya muestran las características de los consejos obreros. Surgen de la lucha, para dade unidad de dirección. Pero no son líderes en el viejo sentido, no tienen ningún poder directo. Los delegados, que son a menudo personas diferentes, se reúnen para expresar la opinión y la voluntad de los (grupos) de personal que los han enviado. En efecto, ese personal defiende la acción en que se manifiesta la voluntad. Sin embargo, los delegados no son simples mensajeros de sus grupos mandantes; toman una parte preponderante en la discusión, encarnan las convicciones predominantes. En las asambleas de comité se discuten las opiniones y se las somete a la prueba de las circunstancias del momento; los delegados vuelven a llevar los resultados y las resoluciones a las asambleas de (grupos) de personal. A través de estos intermediarios los personales de las fábricas participan en las deliberaciones y decisiones. Así, se asegura la unidad de acción de grandes masas de trabajadores.

Esto no ocurre, sin duda, de modo que cada grupo se incline obediente ante las decisiones del comité. No hay ningún párrafo que le confiera tal poder sobre los grupos. La unidad en la lucha colectiva no es el resultado de una juiciosa reglamentación de competencias, sino de las necesidades espontáneas que surgen en una esfera de apasionada acción. Los trabajadores mismos deciden, no porque se les acuerde tal derecho en reglamentaciones aceptadas, sino porque deciden realmente, mediante sus acciones. Puede ocurrir que un grupo no logre convencer a otros grupos por medio de argumentos, pero que lo arrastre mediante su acción y su ejemplo. La autodeterminación de los trabajadores acerca de la acción de lucha no es un requerimiento planteado por la teoría, por argumentos de practicabilidad, sino afirmación de un hecho que surge de la práctica. Ocurrió a menudo en grandes movimientos sociales -y ocurrirá sin duda de nuevo- que las acciones no se compadecieron con las decisiones. A veces los comités centrales llamaron a una huelga general y sólo los siguieron, aquí y allá, pequeños grupos. En otros casos, los comités pesaron escrupulosamente la situación sin aventurarse a una decisión, y los trabajadores desencadenaron una lucha masiva. Puede ser incluso posible que los mismos trabajadores que resolvieron con entusiasmo declarar la huelga retrocedan cuando se enfrentan con los hechos. O, inversamente, que una prudente vacilación rija las decisiones y, sin embargo, estalle irresistiblemente una huelga no resuelta, impulsada por fuerzas internas. Mientras en su pensamiento consciente viejas consignas y teorías desempeñan un papel y determinan argumentos y opiniones, en el momento de la decisión, de la cual depende el bienestar o el infortunio, se abre paso una fuerte intuición de las condiciones reales, y determina las acciones. Esto no significa que tal intuición guíe siempre a los trabajadores en forma correcta; la gente puede equivocarse en su impresión acerca de las condiciones externas. Pero esa intuición decide; no se la puede reemplazar por un liderazgo externo, por guardianes que dirijan a los trabajadores, por más sagaces que aquéllos sean. Con sus propias experiencias en la lucha, en el éxito y la adversidad, los trabajadores deben adquirir la capacidad necesaria para cuidar correctamente de sus intereses.

Así, las dos formas de organización y lucha están en contraste, la antigua de los sindicatos y las huelgas reglamentarias, y la nueva de la huelga espontánea y los consejos obreros. Esto no significa que el mecanismo anterior sea simplemente sustituido, en algún momento, por el otro, como única alternativa. Pueden concebirse formas intermedias, intentos de corregir los males y la debilidad del sindicalismo y preservar sus principios correctos, de evitar el liderazgo de una burocracia de funcionarios, de evitar la separación por obra de un estrecho criterio según las especialidades y los intereses comerciales, y de preservar y utilizar las experiencias adquiridas en luchas anteriores. Esto podría hacerse manteniendo unido, después de una gran lucha, a un núcleo de los mejores luchadores, en un único sindicato general. Cuando una huelga estalle espontáneamente, este sindicato se presentará con sus propagandistas y organizadores fogueados, para ayudar a las masas inexpertas con su consejo, para instruirlas, organizadas y defenderlas. De esta manera cada lucha significará un progreso de organización, no en el sentido de conjunto de miembros que pagan una cuota, sino en el sentido de una creciente unidad de clase.

Un ejemplo de tal sindicato podría encontarse en el gran sindicato norteamericano Industrial Workers of the World (1. A fines del siglo pasado, en contraste con los sindicatos conservadores de obreros especializados bien pagados, unidos en la American Federation of Labor (2), se desarroIló aquella organización debido a las especiales condiciones que reinaban en los Estados Unidos, en parte a raíz de encarnizadas luchas de mineros y leñadores, pioneros independientes en las tierras vírgenes del Lejano Oeste, contra el gran capital que había monopolizado las riquezas en madera y suelo productivo apoderándose de eIlas, y en parte por las huelgas de hambre de las masas miserables de inmigrantes que provenían de Europa oriental y Europa del sur, apiñadas y explotadas en las fábricas de las ciudades del Este y en las minas de carbón, despreciadas y descuidadas por los viejos sindicatos. La I. W. W. les proporcionó líderes y organizadores expertos en huelgas que les mostraron cómo enfrentar el terrorismo policial, que los defendieron ante la opinión pública y los tribunales, que les enseñaron la práctica de la solidaridad y la unidad y les abrieron perspectivas más amplias acerca de la sociedad, el capitalismo y la lucha de clases. En tales luchas de gran importancia decenas de millares de nuevos miembros se afiliaron a la I. W. W., de los cuales sólo se mantuvo en ella una pequeña fracci6n. Este gran sindicato único se adaptaba al desenfrenado desarrollo del capitalismo norteamericano en los días en que éste construy6 su poder sometiendo a las masas de pioneros independientes.

Formas similares de lucha y organizaci6n pueden propagarse y surgir en todas partes, cuando los trabajadores se levantan en grandes huelgas, sin tener aún la completa confianza en sí mismos como para tomar enteramente las cosas en sus propias manos. Pero sólo como formas temporarias de transición. Hay una fundamental diferencia entre las condiciones de la lucha futura en la gran industria y las de los Estados Unidos en el pasado. En este último caso se trataba del surgimiento, y ahora del ocaso del capitalismo. Antes, la ruda experiencia de los pioneros o el egoísmo primitivo de la lucha por la existencia de los inmigrantes eran la expresión de un individualismo de la clase media al que había que doblegar bajo el yugo de la explotación capitalista. Ahora, las masas entrenadas en la disciplina durante toda su vida por las máquinas y el capital, vinculadas por fuertes lazos técnicos y espirituales con el aparato productivo, organizarán su utilización sobre la nueva base de la colaboración. Estos trabajadores son cabalmente proletarios, pues todo remanente del individualismo de clase media fue desgastado y borrado desde hace largo tiempo por el hábito del trabajo en colaboración. Las fuerzas de la solidaridad y la devoción ocultas en ellos sólo esperan a que aparezca la perspectiva de grandes luchas para transformarse en un principio predominante de la vida. Además, incluso las capas más reprimidas de la clase trabajadora, que sólo se unen a sus camaradas en forma vacilante deseando apoyarse en su ejemplo, sentirán pronto que también crecen en ellas las nuevas fuerzas de la comunidad, y percibirán también que la lucha por la libertad les pide no sólo su adhesión sino el desarrollo de todos los poderes de actividad aut6noma y confianza en sí mismos de que dispongan. Así, superando todas las formas intermedias de autodeterminación parcial, el progreso seguirá decididamente el camino de la organización de consejos.



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Notas

(1) I. W. W., Los Obreros Industriales del Mundo. Fundado oficialmente en 1905, este sindicato existe aún. En 1949, cuando no contaba con más de 1.500 miembros, fue la primera organización obrera anotada en la lista subversiva del Congreso norteamericano, que abría, así, el período llamado Maccarthista.

(2) A. F. L., Federación Norteamericana del Trabajo. Creada en 1886, este sindicato tuvo una historia accidentada. Una serie de expulsiones y escisiones, que se extendieron de 1936 a 1938, culmina en 1938 con la creación de un sindicato rival, el Congress of Industrial Organisations (C. I. O.). La reunificación -que tuvo lugar en 1955- da nacimiento a la A.F.L.-C.I.O., que agrupa a 14.000.000 de miembros y que es, sin duda, el sindicato más poderoso

OPINION De por qué no comprar nuevos espejitos

OPINION
De por qué no comprar nuevos espejitos
Jueves, 23 de junio de 2005

De por qué no comprar nuevos espejitos
A propósito de las recientes visitas a Buenos Aires de Slavoj Zizek y Toni Negri, un comentario de las principales categorías de este último en su libro Imperio escrito en coautoría con Michael Hardt. Se trata fundamentalmente de los conceptos de imperio, multitud, trabajo inmaterial, que los autores introducen oponiéndolos a los de imperialismo pueblo y Estado-nación. Se trata de mostrar el carácter ambiguo de estas categorías así como su inadecuación para comprender la realidad de nuestras naciones latinoamericanas.



Hay algo en que muchos estamos de acuerdo, muchos al menos de los que asisten a este Congreso convocados por el anhelo de indagar en la evolución de nuestro pensamiento.
Son dos cosas:
I. Que la filosofía en la Argentina, el pensamiento argentino ha sido el fruto inmaduro de influencias extranjeras mal digeridas. Que nosotros, como otros pueblos de América Latina, signados por la dependencia económica, y la debilidad política sufrimos de un malestar crónico de la cultura, sentimiento de desajuste y náusea por la presencia de cuerpos extraños.
Hablamos de cultura porque conforme a aquellas primeras nociones de antropología, cultura es todo: desde la cocina que elaboramos, hasta los modelos económicos que nos tragamos como purgantes, pasando por los ornamentos que consumimos, los aparatos que compramos, las expresiones artísticas que admiramos, las opiniones que conservamos, las ideas filosóficas que envolvemos y atesoramos.
II. Sabemos que urge construir, modelar, consolidar y no por vía de la recepción y traducción pasiva de los modelos foráneos, sino por el impulso de la A propósito de las recientes visitas a Buenos Aires de Slavoj Zizek y Toni Negri, un comentario de las principales categorías de este último en su libro Imperio escrito en coautoría con Michael Hardt. Se trata fundamentalmente de los conceptos de imperio, multitud, trabajo inmaterial, que los autores introducen oponiéndolos a los de imperialismo pueblo y Estado-nación. Se trata de mostrar el carácter ambiguo de estas categorías así como su inadecuación para comprender la realidad de nuestras naciones latinoamericanas.

creatividad, una cultura propia en el sentido de la antes dicha definición. Tal tarea supone en la esfera filosófica, que particularmente nos atañe, tanto la renovación del lenguaje, tras la remoción o reciclamiento de las viejas categorías cuando estas no se nos acomodan, como el ojo alerta a modo de filtro de aquellas nuevas categorías, que crecidas en organismos de otras latitudes, vienen a enquistarse en nuestras coordenadas espacio-temporales como cuerpos extraños y cancerígenos.
Es abundante la literatura que da cuenta de aquellas influencias foráneas tan intensamente ejercidas sobre el pensamiento de nuestros antepasados; no nos detendremos por tanto en ellas, nos ocuparemos del ahora, aquí, nosotros cuando una compulsión de repetición nos condena siempre una vez más a recibir, adoptar, copiar lo extraño y curiosamente hallar en ello nuestra redención.
De esta renovada reincidencia son casos sintomáticos las recientes visitas a la Argentina de dos destacadas figuras una de la esfera política otra del ambiente académico, ambas europeas. Me refiero a Toni Negri y Slavoj Zizek cuyas visitas, apreciamos por lo que tengan de signo de que ellos nos buscan de referentes e interlocutores, pero rechazamos por los comportamientos que despiertan entre nosotros: cierta actitud servil y complaciente, un colocarse en posición de discípulo a la espera de diagnóstícos y recetas, a la espera de que nos digan quienes somos, hacia donde vamos, cuán honda o terminal es nuestra crisis, cuánto nos es dado esperar, “hermano tú puedes”. Del lado de los señores extranjeros cierto vergonzante reconocimiento de ignorancia –tantas veces preguntados, respondieron ambos desde la timidez “de la Argentina no sé”- pero al mismo tiempo un atrevido desliz, la incapacidad de abstenerse en el impulso egomaníaco de probar sus esmirriadas categorías para calificar algunos hechos singularísimos ¿Los piqueteros? Son manifestaciones de la “multitud”. O viceversa, ¿la multitud? Por ejemplo los piqueteros. El señor Negri se siente especialmente recompensado en sus elucubraciones teóricas ante el espectáculo de la santa alianza entre cacerolas y piqueteros.

Pero hora es ya de abandonar preámbulos e introducciones, e hincar en la médula del asunto. Hablábamos de categorías, de la inadecuación de aquellas nacidas y desarrolladas en los centros para analizar y pensar nuestras realidades; me ocuparé en esta oportunidad de algunas, diríamos las centrales, acaso las únicas de Toni Negri.
En su libro Imperio todo el discurso teórico se sustenta sobre una díada categorial uno de cuyos términos da título a la obra: Imperio – multitud. Imperio y multitud se corresponden como las dos caras de una moneda, no sólo en su aspecto estructural sino en el proceso de su generación, pues es la multitud la que da nacimiento al Imperio. Éste –dice Negri – “no nace por propia voluntad, antes bien es convocado a nacer y se constituye sobre la base de su capacidad para resolver conflictos”. En función de esta correspondencia podrían tratarse ambos términos en forma conjunta, sin embargo, a fin de poner un poco de claridad en las turbias aguas del autor, los trataremos por separado.

Imperio
Es un término que surge pese a su aire de familia en oposición a imperialismo, es más, el sólo hablar de Imperio, supone una nueva era, la posmoderna, el fin del imperialismo. A diferencia del Imperialismo, el Imperio no establece ningún centro de poder ni se apoya en fronteras fijas. Es un aparato de gobierno descentrado y desterritorializado que va incorporando progresivamente todo el reino global en sus abiertas y expansivas fronteras. Se suma pues a sus propiedades el no tener un afuera, todo le es interno y se mueve, en consecuencia, en un plano de pura inmanencia.
Pero hagamos un poco de historia para comprender mejor esta diferencia. Dicen los autores que los imperialismos que Europa construyó a lo largo de la era moderna tenían como piedra angular la soberanía de los Estado-nación, la misma, que hoy día el proceso de globalización viene a suprimir. Desde este punto de vista, la cara positiva de este orden global, consistiría en terminar con la base de sustentación del colonialismo europeo y su expansión económica: los Estado-nación delimitados por fronteras, desde los cuales, el poder se ejercía sobre territorios extranjeros a través de un sistema de canales y barreras que gobernaba el flujo de la producción y la circulación.
Reconocen, es cierto, los autores que de algún modo fue la misma dinámica del capital, al cual los imperialismos, fundados en el Estado-nación y su sistema de fronteras, obstruían el desarrollo y la realización plena del mercado mundial, la que terminó por destruir las barreras que separan lo interior de lo exterior y facilitó el tránsito del imperialismo al imperio. Sin embargo, lo novedoso de la tesis es afirmar, que se equivocan todos los análisis que subestiman el rol de los movimientos y luchas del proletariado, ahora “multitud”. Para los autores de Imperio, ésta, la multitud es el verdadero motor que impulsa el desarrollo del capitalismo
Hasta aquí, sólo por el momento, lo que atañe al Imperio, Pasemos al segundo término del binomio: la multitud.

Multitud
Es el conjunto de todos los explotados y sometidos, una fuerza insurgente que actúa sin mediación, esa es la novedad. Pero ante todo –aclara Negri en una entrevista- hay que entender que es un concepto de clase, aunque no realmente una clase porque se trata de una situación modificada; nuevas condiciones de producción que dan al concepto de clase mayor extensión e intensidad que el de la clásica clase obrera.

Trabajo
En este punto la noción de multitud se vincula con la de trabajo, concepto que también sufre transformaciones. Negri habla de “trabajo inmaterial” que a diferencia del trabajo en la fábrica, comprende una serie de actividades desde servicios industriales, hasta relaciones sociales, domésticas, educativas de salud, de comunicación, de información, científicas. Todo un espectro de actividades que requieren capacidad creativa. Todo esto conforma lo que llama trabajo productivo que unifica sectores sociales cada vez más extensos y que pone a estos bajo el régimen de explotación. He aquí lo común a todos ellos la explotación capitalista. En comparación al trabajo en su sentido tradicional, el trabajo inmaterial es siempre más productivo, capaz de desarrollar más valor, más riqueza, más dignidad del trabajador, porque el trabajador –dicen- lleva al lugar de trabajo su propio instrumento, su cerebro. Vale señalar que pese al tono de segura originalidad esto no es más que una glosa aggiornada del propio Marx, cuando con Engels, explica la mayor movilidad social como efecto de la disminución de la jornada laboral, y en consecuencia, el mayor tiempo libre para dedicarlo a la formación-capacitación de la clase trabajadora. Y si bien para Marx, trabajo es siempre trabajo material, con el limitado sentido de transformación de la naturaleza, también es cierto que una idea más ampliada de trabajo bajo los términos de servicios, trabajo invisible, administración, trabajo creativo, tiene ya larga data. Pero sigamos con nuestros autores. Como consecuencia de este aporte cerebral - dicen- “la flexibilidad y movilidad de la fuerza de trabajo no son simplemente el arma que el patrón empuña para vaciar las fábricas; flexibilidad y movilidad son la dignidad del cerebro del hombre que trabaja desplegando toda la libertad de su imaginación”. Este despliegue de la libertad al interior del trabajo, de las capacidades productivas, es el elemento de fuerza de la Multitud, como clase, como elemento de antagonismo. No es verdad que la Multitud elimina la estructura y la figura del antagonismo social: por el contrario lo multiplica y lo lleva a lo que debe ser, el verdadero nivel de confrontación forzando de ese modo el tránsito del imperialismo al imperio
En esto no hallamos gran novedad se trata, como decíamos, de la misma idea de Marx expresada en similares términos, acerca de la creciente movilidad de la fuerza de trabajo que acompaña necesariamente al desarrollo del capitalismo con todo lo que este implica: tecnificación, disminución de la jornada laboral, más tiempo libre para alcanzar mayor nivel educativo. Sólo que habría que evaluar que cantidad de la pirámide social entra efectivamente en esta categoría de multitud, entendida como aquella que lleva su libertad así alcanzada al ámbito del trabajo, cuando el espectáculo que tenemos, sobretodo en nuestras periféricas latitudes, es el de la creciente exclusión social de grupos cada vez más vastos.

Masa
Algo más para la caracterizar la multitud: la multitud no es masa. A diferencia del concepto de clase que se define –dice Negri- abstracta y numéricamente -en verdad no es así, por algo distingue Marx entre clase en sí y para sí, pero por el momento no lo discutiremos- la noción de multitud alude a una multiplicidad de singularidades. El trabajador es un singular, y es precisamente ese carácter de singular, lo que multiplica su potencia productiva, porque a cada momento tiene algo que agregar. La multiplicidad, a su vez, se unifica en lo que las partes tienen de común, su antagonismo al capital, que les permitirá tras las luchas, la reapropiación de la cooperación y del comando sobre el trabajo.

Pueblo
Para completar los rasgos más sobresalientes de la noción de “multitud“ hay que mencionar que Negri la opone al concepto de pueblo. Pueblo –dice- es un concepto de producción burguesa vinculado al surgimiento del Estado-Nación. El pueblo nace con la Nación y supone la reducción a uno de lo que es la diversidad popular.
Aquí hace historia filosófica recorriendo las vicisitudes de estas dos categorías de multitud y pueblo en las teorías políticas del siglo XVIII. Se remite especialmente a Hobbes, pues es en el discurso de los detractores del concepto de multitud donde se puede comprender mejor el alcance de este concepto. La operación es sencilla, si Hobbes el máximo defensor del Leviatán, de la “máquina estatal”, rechaza a la multitud, por representar el incontrolable estado de naturaleza, es índice de que ahora debemos darle una nueva oportunidad a este concepto, dice Pablo Virno otro de los teóricos del autonomismo, y los autores de Imperio citan a Hobbes:
Es un gran obstáculo para el gobierno civil, especialmente monárquico, que los hombres no hagan la necesaria distinción entre el pueblo y la multitud. El pueblo en cierto modo es uno, algo que tiene una voluntad y a quien puede atribuirse una acción; nada de esto puede decirse de la multitud. El pueblo gobierna en todos los gobiernos. Porque hasta en las monarquías el pueblo manda. (De cive cap XII, sección 8)
Y luego siguen ellos, los autores de Imperio en palabras que no se comprende si son síntesis de Hobbes o expresión de su propio pensar, probablemente sean ambas cosas a la vez, sólo que en uno, esas cualidades del pueblo son valoradas positivamente y en los otros negativamente.
La multitud es una multiplicidad, (...)un conjunto abierto de relaciones que no es homogéneo ni idéntico a sí mismo y que mantiene una relación indistinta e inclusiva con lo que es exterior a él. El pueblo en cambio tiende a la identidad y a la homogeneidad interna al tiempo que manifiesta su diferencia con lo que queda fuera de él. Mientras la multitud es una confusa relación constitutiva, el pueblo es una síntesis constituida preparada para la soberanía (Negri y Hardt: Imperio)

Pero estos teóricos del autonomismo no quieren que se los confunda con estribillos postmodernos del tipo "la multiplicidad es buena, la unidad es la desgracia a evitar"; es preciso reconocer –dicen- que la multitud no se contrapone al Uno. También los muchos necesitan una forma de unidad, un Uno: pero, ésta ya no reside en el Estado, sino en el lenguaje, el intelecto, las facultades comunes del género humano. Con esto parecen retornar a un concepto universal de naturaleza humana: la identidad, o bien, la autonomía, todo lo que tiene que ver con un singular, no son cosas a alcanzar sino lo ya dado desde siempre. El Uno –dice Paolo Virno- ya no es más una promesa, sino una premisa. La unidad no es más, trátese del Estado, o el soberano, algo hacia donde converger, como era en el caso del pueblo, sino algo que se deja a las espaldas, como un fondo o un presupuesto. Los muchos deben ser pensados como individuaciones de lo universal, de lo genérico, de lo indiviso. Y cierra Negri, concluyente, pero evasivo y confuso, lo Uno no es más que la base que autoriza la diferenciación, aquello que consiente la existencia político-social de los muchos en cuanto muchos.
Un último detalle para completar por el momento este tema de la multitud. Negri insiste en que cuando se habla y se dice que la “multitud” no es un “pueblo”, se dice fundamentalmente una cosa. Se dice que la multitud no puede ser encerrada en los mecanismos de representación política, tal como han sido creados por el Estado moderno, porque estos son precisamente los mecanismos de creación de las élites y de mistificación continua de la voluntad de la gente, de las singularidades y multiplicidades. Entonces –agrega- hablamos en contra del concepto de representación, hablamos del “Que se vayan todos”.
Y a continuación se pregunta:
¿Cómo se hace para reconquistar un concepto, transformarlo en un concepto político, que no tenga la ambigüedad y la falsedad del concepto de pueblo?
Pero la pregunta la reservamos para más tarde, para el propio Negri, claro, sustituyendo la palabra “pueblo” por “multitud”. Nos preguntamos como hacemos de la multitud un concepto político.

Rebobinemos ahora, regresemos al tema del Imperio, recordemos que no es más que uno de los términos del binomio “Imperio-multitud”, destaquemos del conjunto la idea de desterritorialización, término deleuziano, estamos en familia, entre europeos se entienden. El no-territorio carece de centro y de fronteras, todas las propiedades concentradas en una sola palabra. Como se ve, nada agrega el predicado al sujeto; y para seguir con la tautología, se dirá que se opone a imperialismo. que sí tiene todo ello, más un ejército. y propios y unificados intereses porque se sostiene sobre un Estado-nación.
Tenemos el no-territorio, una nada, borramos el espacio y con él el tiempo, porque espacio-tiempo son uno. Tenemos el vacío y sobre el vacío flotando máquinas, segundo término deleuziano, ellas son la multitud, multiplicidades cada una de ellas con su singularidad y diferencia, pero a la vez iguales respecto a la explotación capitalista. El antagonismo es sencillo por una parte máquinas, todopoderosas pues ellas generan el imperio, el imperio crece por fuerza y obra del poder de la multitud; por el otro capitalismo, que de tan contundente se ha vuelto una abstracción. Es difícil salir de este esquema tan sencillo pero lo intentaremos. El camino será enumerar unas pocas consecuencias que se derivan de esta matriz teórica consecuencias que no surgen de ninguna dudosa elaboración personal sino que están extraídas del propio discurso del autor.
Comencemos con aquellas que tienen que ver con el mundo globalizado.
Preguntado acerca de la validez de la tesis central de su libro, la decadencia histórica del Estado-Nación como continente de poder, cuando en razón de los últimos acontecimientos, pareciera que el ejecutor del mencionado "Imperio" es el propio ejército nacional de los Estados Unidos; preguntado acerca de sí la ocupación de Irak por los Estados Unidos no contradice su teoría acerca del Imperio sin Imperialismo, responde Negri:

Nosotros pensamos que el imperio americano no existe como tal. Los Estados Unidos han intentado, a través de su clase política, imponer la unilateralidad americana sin conseguirlo. Lo que algunos llaman "imperialismo norteamericano en Irak" es quizá la prueba más convincente de que el Imperio está avanzando. Los estadounidenses no lograron implantar una administración suya en Irak. Se vieron obligados a recurrir nuevamente a Naciones Unidas después de haberla rechazado para decidir la guerra preventiva. Fueron humillados a nivel internacional. No pueden conseguir el dinero para pagar esta guerra.

Y ante la insistencia de algún interlocutor
¿Pero no hay características de la situación que nos retrotraen al imperialismo del siglo XIX: ocupación militar, una autoridad creada por la metrópolis, una apropiación de recursos naturales (petróleo) y nuevos negocios asignados arbitrariamente a empresas de esa metrópolis?
Dice Negri:
—Todas esas afirmaciones son falsas, de la primera a la última. No se trata de una administración colonial, sino de un proceso clásico de "nation building", construcción de nación. Por ende se trata de una transformación de sentido democrático. Es una ocupación militar que derribó un régimen, pero después el problema es "nation building", o sea un intento de transición, no de colonización.. Estos estadounidenses quieren parecer más malos de lo que son. (Entrevista Oscar Cardoso para Clarín)
Estas palabras que son textuales, no requieren comentario, son una prueba más de como los filósofos europeos, de los cuales hemos tenido ejemplares varios allá por la guerra del Golfo, mimetizados con el sentir americano, modelan una filosofía al uso y abuso de los centros para el uso y sumisión de las periferias. Testimonio de ello son las expresiones utilizadas: proceso de democratización, o para colmo en inglés “nation building”
Pero lo que más nos interesa a nosotros periferias latinoamericanas, es el programa que Negri diseña para las partes homogéneas del mundo globalizado. Derribado el fantasma del imperialismo, nada de Estado-nación, construcción del romanticismo nacionalista europeo al servicio de sus burguesías, nada tampoco de pueblo que es la contraparte de ese Estado–nación de orígenes espúreos, ninguna pretensión de soberanía que no es otra cosa que el canal por el cual se cuela, dentro del mismo contexto ideológico, todo intento de dominación. Dice Negri: Todo lo que parece revolucionario y liberador en esta noción de soberanía nacional popular, no es en realidad más que otra vuelta de tuerca, una extensión adicional del sometimiento y la dominación que implicó desde el comienzo el concepto de soberanía.
Nada entonces de Nación, soberanía, pueblo, conceptos peligrosamente vinculados al de raza, conceptos que se justifican reciprocamente en una pretensión de anterioridad. “... así como el concepto de nación completa la noción de soberanía pretendiendo que es anterior a ella, -dice Negri- el concepto de pueblo también completa el de nación en virtud de otra fingida regresión lógica. Y agrega: “Aunque el pueblo se propone como la base originaria de la nación, la concepción moderna de pueblo es producto del Estado-nación y sólo sobrevive dentro de su contexto ideológico”. Negri insiste en que estos conceptos que a su modo de ver fallan en su pretensión de una mutua legitimación deben ser desnaturalizados, deben colocarse en el contexto histórico de su emergencia.
De acuerdo, historicemos, desnaturalicemos, volvamos a las coordenadas de espacio y tiempo que Negri borra de un plumazo cuando nos presenta su no-territorio, Imperio, generado por la multitud, léase máquinas; generado por el deseo de las máquinas sin telos, el telos sólo post festum. Imperio cuya dinámica de funcionamiento si nos remitimos a la musa inspiradora, Deleuze, se parece más al juego del go que al ajedrez. A diferencia del ajedrez, juego de Estado, cuyas piezas están codificadas y tienen una naturaleza interna de la que derivan sus movimientos, posiciones y enfrentamientos, siendo cada una de ellas en cada caso un sujeto de enunciación, los peones del go por el contrario, son bolas, simples unidades aritméticas cuya función es anónima o colectiva se trata de “elementos de un agenciamiento maquínico no subjetivado, sin propiedades intrínsecas sino sólo de situación” dice Deleuze. Guerra institucionalizada, codificada versus guerra sin línea de combate, ni enfrentamientos, ni retaguardia, ni batallas, ni territorio; una pura estrategia que se agota en ser estrategia.
De acuerdo historicemos, tracemos nuestras coordenadas espacio temporales, Nosotras jóvenes naciones latinoamericanas que algo apartadas en la geografía, algo atrasadas y desfasadas en el tiempo, habiendo llegado tarde al banquete de los centros, tenemos que lidiar aún con el fantasma que el Sr Negri declara inexistente. Nosotros que aún pugnamos por forjar nuestra identidad, reconocernos en una historia y proyectarnos un destino común, que dependientes en lo económico y débiles en lo político tenemos por delante todavía la afimación de nuestra soberanía, digamos sencillamente, no. Curiosos estos europeos que nos obsequian sus juegos con fichas y reglamentos para sustituirlos luego por otros también de su ingenio y autoría antes de finalizada la partida. Digamos sencillamente, no, y de paso repasemos para el Sr Negri los motivos de nuestra negativa.
Historicemos desde nosotros para el Sr. Negri. Esas categorías que sí tienen historia y que es preciso desnaturalizar, en esto coincidimos, tienen para nosotros una historia propia y no han permanecido inalteradas, nuestros pensadores las han resignificado en función de dicha historia.

Nación.
La construcción de nacionalidades está en América Latina vinculada, no como en Europa, a la emergencia de las burguesías nacionales, sino a los procesos de descolonización, guerras de independencia mediante y esfuerzos de reorganización, con fuerte influencia extranjera de lo que ha resultado un alto grado de dependencia económica y debilidad política. Urge por tanto completar la tarea, etapa que no puede saltarse por más avanzado que se halle el proceso de globalización. Requiere, ingenio, inventiva, afinar los diagnósticos, renovar las estrategias, pensar en sentido a la vez nacional y regional; es una ardua tarea.

Pueblo
A diferencia de “multitud”, abstracción no ubicada en espacio-tiempo alguno, no se trata aquí de una multiplicidad sino de un singular, una configuración histórica concreta vinculada a una cultura; no máquinas sino una comunidad de individuos vinculados “por una memoria común y el anhelo de un destino también común”_ dice Mario Casalla en su libro de reciente aparición “América Latina. en perspectiva”, cuyo desarrollo del tema “pueblo” seguiré casi textualmente en esta síntesis extrema.
Dice Mario:
El pueblo es una historia determinada, un relato, no algo abstracto. El conflicto lo atraviesa y en ello se constituye históricamente para conformar un “nosotros” y construir una identidad. Historizar este concepto de pueblo es entonces explicar las raíces de esa conflictividad que en América Latina se hallan más en lo cultural y racial que en lo económico, mal que le pese al S. Negri quien signado por la historia europea ve en todas las notas referidas a la raza cruzar el fantasma del nazismo. Es también trazar la dinámica de esa conflictividad, las modalidades de resistencia a la opresión, que en el caso latinoamericano responden a la dialéctica liberación o dependencia. Pero el pueblo, sin embargo, nos advierte Casalla no es lo bueno frente a lo malo, es esencialmente ambiguo y conflictivo. y es, de la solución de esa conflictividad. que depende la posibilidad de integración nacional y regional.
El tema, vemos, es complejo y lleno de aristas, requiere sumergirse a fondo en la historia de estas naciones todavía en formación, en estos pueblos para los cuales, pese a la opinión del Sr Negri, lo uno, la identidad, no es algo dado sino por construir. Acaso de prestar atención a esta complejidad, el Sr Negri, que ahora nos promete en su próximo libro sobre el imperio todo un largo capítulo dedicado a la Argentina, no habría caído tan fácilmente en la ilusión de la consigna “Piquetes, cacerolas, la lucha es una sola”, arrastrando para su molino la fe en una fraternal alianza de estas dos singulares multiplicidades.
Pero acaso esto no sea lo más importante, el grado en que estos intelectuales europeos se apuran para colocarnos y maniatarnos a sus débilitados esquemas de signo posmoderno en versión deleuziana. “Multitud” como conjunto de fuerzas moviéndose en el vacío, multitud como flujo ininterrumpido de fuerzas, a la vez y confusamente homogéneas y singulares, sin centro ni telos. circulando por un no territorio. Acaso lo peor sea lo exaltado de nuestra recepción, la actitud algo servil con la que le prestamos nuestros oídos y de paso comprar una vez más estos espejitos que reflejan nuestra imagen distorsionada por el color del cristal de las coordenadas espacio-temporales de quienes nos miran, y de paso armarles para su entretenimiento y regocijo esos paquetes turísticos con tour incluido “La ciudad y los piquetes”

Bibliografía:
Michael Hardt y Antonio Negri: Imperio, Buenos Aires, Paidós, 2002
Paolo Virno: Gramática de la multitud, Buenos Aires, 2002
Mario Casalla: América Latina en perspectiva, Buenos Aires, Altamira, 2003.
Entrevistas varias a Toni Negri
fuente:http://lareja.bitacoras.com/archivos/2005/06/23/de-por-que-no-comprar-nuevos-espejitos


Por: Mónica Virasoro | Pensamiento latinoamericano